La hípica venezolana recuerda la partida física del legendario preparador Juan Arias, acaecida el 20 de agosto de 2021. Reconocido internacionalmente por la hazaña histórica de guiar al célebre ejemplar Cañonero en las pistas norteamericanas, el profesional de las carreras dejó una huella imborrable en la afición, respaldada por su humildad, carisma y entrega absoluta a la profesión.
NOTAS RELACIONADAS
Pasión desde la infancia: Entrenador Caballos
Nacido el 6 de mayo de 1938 en el estado Yaracuy, Arias desarrolló una fascinación inmediata por el deporte de los reyes. Durante su niñez, acudía al desaparecido Hipódromo de El Paraíso para observar las competencias. Ante la imposibilidad de ingresar a las tribunas por su corta edad, buscaba altura en las copas de los árboles adyacentes para presenciar las carrerajes del momento.
Esa devoción temprana definió su norte profesional. A mediados de la década de 1950 inició sus estudios técnicos en la materia, hasta obtener la patente que le permitió debutar oficialmente como entrenador en el Hipódromo La Rinconada a partir de 1959.
La gloria con Cañonero II
Hacia finales de 1969, la trayectoria del preparador dio un vuelco definitivo con la llegada a su caballeriza del pisaverde Cañonero II, un potrillo que aún no alcanzaba los dos años de edad. En 1971, con escasos recursos económicos y sin dominio del idioma inglés, Arias viajó a Estados Unidos en lo que parecía una aventura de visionarios.
El resultado reescribió la historia de la hípica continental: Cañonero II no solo conquistó la edición 97 del Kentucky Derby, sino que repitió la hazaña en el Preakness Stakes con un registro récord para la época. La gesta transformó a Arias en una figura venerada a nivel global y situó la cría y el entrenamiento latinoamericano en el mapa mundial.
Un legado de carisma y sencillez
Aunque tras su proeza no encontró siempre el máximo reconocimiento profesional en las pistas locales, Arias cosechó el cariño unánime de los gremios hípicos. Durante sus jornadas diarias de trabajo en los traqueos matutinos, destacó por su predisposición ante los medios de comunicación y por el trato afable con los trabajadores del óvalo. Su espontaneidad al recordar las vivencias junto al inolvidable alazán permaneció intacta a lo largo de los años. La memoria de Juan Arias continúa viva en la fanaticada que rememora con orgullo sus aportes al turf internacional.