Samuel Aldrey /@SamuelAldrey
Deportivo Táchira le ganó a Caracas y es campeón de la LigaFUTVE. Nada más, nada menos. Pero antes del análisis, antes de tamizar las cuestiones tácticas o estratégicas, emergen las imágenes, brotan las postales de esos segundos finales de éxtasis y explosión, de puños al viento y locura.
Estos tipos están locos. Saltan, gritan, ríen, gozan, rugen, se revuelven en sí mismos, sueltan alaridos viscerales, celebran la perfección de una noche que no olvidarán por mucho tiempo. Tal vez nunca.
Estos tipos están locos y se jactan de su locura. Sueñan despiertos, imaginan un futuro abrazados a más gloria.
La noche perfecta.
Y ahí está Marlon Fernández acomodando la pelota abajo, lejos de Beycker, para sellar la fiesta en el penal definitivo. Ahí va Marlon sin camiseta con los ojos llorosos, corriendo hacia las gradas aurinegras, encarando a todo el blanco de suplemente estremecido que le grita "iCampeones, campeones!" y lo deja cara a cara con Juan Domingo Tolisano para que se fundan en un abrazo incandescente e interminable.
Y ahí está Maurice Cova, arremolinando los brazos para que la gente no pare de saltar, señalando con el dedo a Freddy Góndola, a ese mismo al que fue a consolar en la mitad del partido, cuando se había perdido un gol increíble ante Beycker Velázquez y andaba rascándose la cabeza ante la oportunidad perdida.
Y ahí está el puño apretado de Juan Domingo Tolisano con el pitazo final del árbitro, Jesús Valenzuela; Tolisano salió disparado para la tribuna al trote, subiendo las escaleras, para acabar en el abrazo imprevisto y emotivo con su familia.
Después, otra vez la caminata y la mano que apunta a la grada norte con los hinchas tachirenses al grito de "iEs para ustedes, es para ustedes!", que tiene como destinatario a todos ellos que se lanzaron un viaje kilométrico para conquistar el Olímpico y la copa. Todos ellos que vieron al primer tachirense ser campeón con el Deportivo Táchira. Orgullo.
Y ahí está el presidente, Jorge Silva Cardona, sin la corbata y fuera de la oficina. Está en el campo con blue jean y la camiseta del campeón aferrado a la copa brillante como sus ojos que lloran, que lloran sin parar "¡es para ustedes mi amada hinchada!", decía en trance como si estuviera en otro mundo, feliz como un chico abriendo su regalo de navidad.
Y ahí está el chamín, Yerson Chacón, golpeándose el pecho como si ya tuviera mil batallas, besando el escudo que decora su camiseta, señalando vaya uno a saber qué estrella allá en el cielo. Seguro apuntaba a décima estrella, la ambición que ahora tiene todo tachirense.
Y ahí va Pérez Greco, el capitán... abrazado con la copa, tranquilo como si nada hubiera hecho, cruzando la cancha como si estuviera paseando por el jardín de su casa. Como si nada hubiera hecho. Al llevarse su último título con el equipo de su vida.
Y ahí están todos estos tipos, locos de la vida, saltando y riendo, aguardando para salir, listos para desparramar el carnaval por las calles de San Cristóbal a la luz de un nuevo día y de corazones encendidos, que le esperan en el Obelisco. Nadie durmió en esa noche.
Táchira le ganó a Caracas y es campeón de la LigaFUTVE. En una noche perfectamente aurinegra: salió organizado, aplomado y puso lo que su gente siempre quiere que ponga; coraje. Decoró la noche con el gol del Marlon y la parada de Varela. Conquistaron el Olímpico, la casa de eterno rival. ¿Cómo no van a festejar? ¿Qué más podían pedir?
Las razones de la victoria.
¿Qué tuvo Táchira para dar la vuelta olímpica? Actitud ganadora. Quienes siguen al equipo desde el inicio de la temporada saben que la unión gobernaba a todos los miembros del equipo. Allí nació un juramento tácito: dejar la vida en cada partido.
Esa actitud protagónica se plasmó con claridad durante los noventa minutos. Aún equivocando los caminos. Táchira quiso, propuso, fue a buscar, se plantó bien arriba, corrió riesgos. En fin: se la jugó.
Noel Sanvicente eligió la otra cara de la moneda. Puso en la cancha su ritual 4-2-3-1: los cuatro del fondo con Edson Castillo y Leonardo Flores, integrados a la línea de volantes. La idea era hacer el aguante y salir de contra.
Pero la intención se quedó a mitad de camino. Achicó espacios en su propio sector y tuvo la virtud de presionar sin cometer faltas en los alrededores del área, pero tuvo demasiadas intermitencias en la segunda parte del libreto.
Porque Osei Bonsu, Manuel Sulbarán y Richard Celis quedaron muy aislados del bloque de contención y hasta cumplieron con ciertas funciones defensivas desacostumbradas, como retroceder por detrás de la línea de la pelota en su propio campo. Mientras, Samson Akinyoola se veía solo en la desértica vanguardia.
Táchira tuvo que intentar el desequilibrio en una cancha superpoblada y no siempre tuvo la lucidez para hacerlo. Sí, cuando la pelota pasó por el botín sensible de Maurice Cova, en el que soltó toda su sabiduría en el complemento. Sí, cuando Chacón se lanzó en slalom por la derecha. Sí, cuando Freddy Góndola -veloz como un conejo- aceitaba los circuitos con precisión en las entregas y cambio de ritmo.
Pero no cuando la pelota era de los centrales y ensayaban el pelotazo frontal para un Pérez Greco rodeado con Osío y Rivero. No cuando Granados no acertaba los pases de media distancia para la trepada automatizada y no siempre eficiente. No cuando el propio Chacón encaraba por el medio y perdía una y otra vez con Edson Castillo.
El primer tiempo vio a dos equipos buscando con sus armas y resguardados bajo las actuaciones de sus arqueros, pero sin ocasiones demasiado claras de gol. Más cerca siempre estuvo el Táchira, pero faltaba la precisión del último pase.
La ruptura del partido: un 'Rojo' demasiado rojo.
Los dos ajustaron las clavijas de la actitud para el segundo tiempo. Táchira y la búsqueda a todo o nada, Caracas a la espera de la contra en complicidad con el reloj. Era un pulseada áspera, vibrante, por momentos estremecedora.
Y la empezó a ganar Táchira a los 25. Tras una transición veloz, Chacón cogió el carril interior y habilitó a Greco, el capitán filtró un pase a Góndola que quedó con el arco de frente. Envió un derechazo para fusilar a Beycker, pero el arquero puso el pecho en la trayectoria de la bala.
Allí donde falló la decisión de Góndola que prefirió potencia por encima de la colocación, allí donde se agarró la cabeza y miró al cielo pidiendo perdón estuvo la ocasión más clara.
A esa altura, ya lo gobernaba la impotencia, esa que llevó a Osei Bonsu a pegar la patada que le costó la expulsión. El africano eléctrico por la banda se halló con los cables cruzados y acabó dejando al Caracas con uno menos y allí soltaron chispazos. ¡Hasta el médico perdió los papeles! También lo expulsaron y el Caracas con uno menos reafirmó su posición conservadora, como si solo le quedará la definición por penales.
¿Pruebas? Como no: Noel destruyó su estructura y quedó con un 4-4-1. Otra: Entró Javier Echeverría por Sulbarán y Cassiani por Fereira. Otra: Sacó a Leonardo Flores y entró Junior Moreno. Osío cogió el lateral izquierdo. El Caracas aplicó el juego defensivo, duro por momentos. Rivero y Osío entraban a todas con barridas o codazos. Akinyoola quedó solitario y solo pudo destilar algunas jugadas individuales.
Caracas amagó con desempolvar la ambición un par de minutos después, cuando Richard Celis quedó frente al arco y el balón voló para estrellarse en el palo. Toda la grada se quería morir. Pero ese arrebato fue un espejismo. El Caracas, con uno menos, quedó sangrando, teñido con demasiado rojo.
Se fue todo a la prórroga.
En el tiempo complementario Caracas se decidió a defender con toda la casta que le quedaba y confiar en los penales. Caracas ya no podía. Toda la valentía se había diluido. Echeverría intentaba, pero sin éxito y el Táchira controló el partido con Maurice Cova hilando con Marlon y Tortolero, pero sufrieron lo mismo que todo el partido: falta de efectividad.
El ritmo del partido bajó, las piernas no daban más. Hubo más interrupciones y de nuevo Táchira no supo encontrar beneficio de su superioridad numérica. No obstante, sí que tuvo alguna ocasión clara como un cabezazo picado de Hernández que rozó la madera.
Ya en la tanda definitiva, el Caracas erró dos penales. El primero lo detuvo Varela estirándose como nunca lo había hecho para atajar el penal de Echeverría y el otro lo pateó 'Kaki' Rivero con violencia y arriba, pero con destino al travesaño. Táchira anotó los cuatro que lanzó, con Fernández en el definitivo, y el plantel al completo celebró junto al fondo plagado de aficionados un título más: la novena estrella.
Hoy festeja legítimamente en San Cristóbal. Ganó porque quiso ganar. Ganó porque se jugó entero. Y eso es lo mínimo que puede hacer un equipo que quiere ser campeón.
*Todas las fotografías son cortesía de la Prensa del Deportivo Táchira y el Caracas FC.
