El defensor del Atlético de Madrid, Dávid Hancko, ha sido galardonado como el Jugador Eslovaco del Año, un reconocimiento que llega en el mejor momento de su carrera profesional.
NOTAS RELACIONADAS
Sin embargo, durante la ceremonia de premiación, el zaguero de 28 años sorprendió a los presentes con una reflexión cargada de humildad sobre la magnitud de los escenarios que pisa actualmente.
A pesar de su consolidación como una pieza clave en el esquema de Diego Simeone, Hancko admitió que la velocidad de su ascenso a la élite del fútbol mundial a veces le resulta difícil de procesar.
El impacto del Santiago Bernabéu
Una de las anécdotas más llamativas de su discurso fue su reciente visita al feudo del Real Madrid. El eslovaco confesó que, ante la atmósfera y la calidad de los rivales, llegó a cuestionar su propio lugar en la élite:
“Estoy viviendo un momento muy especial, pero si soy sincero... a veces sufro del síndrome del impostor. En el último partido contra el Real Madrid, cuando entraba al túnel, me dije: ‘¿Dónde estoy?’”, afirmó.
El defensor añadió que, una vez en el césped, la sensación se transforma en motivación conforme llegan los resultados, "luego estoy en el campo con esas estrellas y llegan esos pequeños éxitos: un partido ganado, un gol en la Champions... Siento mucha gratitud".
Su objetivo pendiente
Ahora bien, para Dávid Hancko, el éxito individual es secundario frente a los logros colectivos. Aunque reconoció que formar parte del Atlético de Madrid ha sido fundamental para alcanzar este nivel, dejó claro que su mayor ambición sigue ligada a su selección nacional.
Admito que jamás soñé con algo así. Si bien los premios individuales no son lo principal para nosotros, lo cambiaría ahora mismo por estar en el Mundial”, sentenció para el medio SportSK.