La selección italiana de fútbol, que parecía condenada a ver otro Mundial por televisión tras su dolorosa eliminación ante Bosnia y Herzegovina, ha encontrado una rendija de esperanza. Aunque las probabilidades son extremadamente bajas, la tensa situación geopolítica en Oriente Medio y el conflicto entre Irán y Estados Unidos (uno de los anfitriones del torneo) han puesto en duda la participación de la selección iraní en la cita de 2026.
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El detonante: La negativa de la FIFA a Irán
La tensión ha escalado luego de que la FIFA rechazara formalmente la solicitud de la Federación de Irán para trasladar sus tres partidos de la fase de grupos a territorio mexicano. El organismo rector del fútbol mundial fue tajante: el calendario anunciado en diciembre de 2025 es inamovible y no existen planes de contingencia que contemplen cambios de sede por motivos políticos o bélicos en este momento. Esta rigidez deja a la selección persa en una posición comprometida de cara al inicio del torneo.
El as bajo la manga: El artículo 6.7
Si Irán decidiera retirarse o fuera excluido, la normativa entra en un terreno gris pero fascinante para los intereses italianos. El artículo 6.7 del reglamento de la FIFA estipula que, ante la baja de una federación participante, el organismo tiene la potestad de designar a un sustituto bajo su "entera discreción".
Es aquí donde el peso histórico de Italia juega a su favor. Actualmente, la "Azzurra" ocupa el puesto 12 del ranking FIFA, siendo la selección mejor posicionada entre las no clasificadas. Para la FIFA, contar con una tetracampeona del mundo garantizaría un éxito comercial y mediático que pocas otras selecciones podrían ofrecer.
El dilema de las plazas: ¿Europa o Asia?
A pesar de la tentación mediática de incluir a Italia, la lógica institucional de la FIFA suele priorizar el equilibrio entre confederaciones. Sumar a los italianos significaría otorgar una plaza número 17 a la UEFA, lo que podría desatar protestas en el resto de los continentes por el evidente favoritismo hacia Europa.
La opción más coherente desde el punto de vista deportivo sería mantener el cupo dentro de la Confederación Asiática (AFC). En ese escenario:
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Emiratos Árabes Unidos sería el candidato natural por su posición en el ranking asiático.
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Irak, que logró su boleto el pasado 31 de marzo tras vencer a Bolivia en la repesca, podría ser movido directamente al Grupo G para ocupar el vacío de Irán, dejando su lugar original para los Emiratos.
El hipotético destino: El Grupo G
Si el milagro se concreta y un equipo sustituye a Irán, su destino ya está marcado en el calendario. El equipo que tome la plaza se integrará al Grupo G, compartiendo zona con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. Los compromisos, que representan un desafío logístico de último minuto, están programados de la siguiente manera:
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16 de junio: Contra Nueva Zelanda en Los Ángeles.
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21 de junio: Contra Bélgica en California.
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27 de junio: Contra Egipto en Seattle.
La FIFA se ha puesto como fecha límite mediados de abril para resolver cualquier incertidumbre sobre este grupo.
Una "Azzurra" en crisis y sin ilusiones
Mientras el mundo especula, en Italia el ambiente es de absoluta desolación. Tras encadenar tres ausencias mundialistas consecutivas, la estructura del fútbol italiano se ha desmoronado. La crisis provocó un efecto dominó de renuncias: Gabriele Gravina dejó la presidencia de la federación, Gennaro Gattuso dimitió como seleccionador y la leyenda Gianluigi Buffon abandonó su cargo como jefe de la delegación.
Incluso el gobierno italiano parece haber tirado la toalla. El ministro de Deportes, Andrea Abodi, ha intentado apagar los rumores con contundencia, calificando la posibilidad de readmisión como un escenario casi imposible. "Es un asunto continental", declaró Abodi, subrayando que Italia no debería esperar favores reglamentarios e, incluso, sugiriendo que la selección no desearía entrar al torneo por una vía que no fuera la deportiva.