La previa del encuentro europeo se ha visto empañada por incidentes de gravedad en los alrededores del feudo blanco. Lo que debía ser una fiesta del fútbol se transformó en cuestión de minutos en un escenario de caos y carreras. La tensión estalló de forma repentina cuando la Policía Nacional se vio obligada a intervenir ante el comportamiento de un sector de la hinchada visitante, desplazada en masa para apoyar a las "Águilas".
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El ambiente, que ya se percibía caldeado desde las primeras horas de la tarde, terminó de romperse en las calles aledañas al estadio. Según testigos presenciales, el lanzamiento de objetos y diversos conatos de enfrentamiento provocaron la reacción de las unidades de intervención, que desplegaron cargas para dispersar a los grupos más radicales del conjunto luso.
La intervención policial dejó imágenes de gran impacto, con aficionados huyendo hacia las bocas de metro cercanas y comercios cerrando sus puertas por precaución. Lamentablemente, los disturbios no se saldaron solo con daños materiales. Los servicios de emergencia tuvieron que desplegarse rápidamente en la zona para atender a varios seguidores del Benfica que resultaron heridos durante las refriegas.
Aunque la mayoría de las asistencias médicas fueron por contusiones leves y crisis de ansiedad, la imagen de los sanitarios trabajando a contrarreloj bajo la sombra del estadio ha generado una profunda indignación entre el resto de los aficionados. La seguridad se ha reforzado en todos los accesos para evitar que la violencia se traslade al interior de las gradas.
A estas horas, el dispositivo policial mantiene un cordón de seguridad permanente. El foco, que debería estar puesto exclusivamente en el balón, se desplaza inevitablemente hacia la gestión de una seguridad ciudadana que hoy se ha visto desbordada en el corazón de Madrid.