Nelson Contreras S. | @nelsoncon2020
El beisbol de las Grandes Ligas da en todas las jornadas sorpresas de todo tipo y una de las que más ha llamado la atención fue la paliza que propinaron los Cerveceros de Milwaukee a los Marineros de Seattle con pizarra de 22-0, un resultado que escandaliza por completo.
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Y no se comprende esa pizarra, porque el beisbol de las Grandes Ligas transita en una época en la cual los lanzadores dominan casi por completo con raras excepciones como podrían ser el venezolano Luis Arráez y el cubano Yordan Álvarez, por solo nombrar dos de los más sobresalientes.
Pero no es la primera vez que esto ocurre ya que la pizarra de 22-0 quedó con un marcador idéntico el 31 de agosto de 2004 en un juego que en aquella época ganaron los Indios de Cleveland a los Yankees de Nueva York.
Un abuso
La costumbre en estos casos se ha puesto de moda y ocurre cuando los mánagers traen jugadores de posición en la loma y ocurre cuando un juego está definitivamente perdido, por ejemplo, un 13-0 o 16-0.
Allí los pilotos recurren a un jugador de posición y el turno le llegó al criollo Leo Rivas, quien fue llamado en el octavo inning a lanzar con lo que ahorraron el trabajo de los bullpen.
Sin embargo, el criollo cargó con una mancha, pues recibir nueve carreras en un episodio es algo que no se entiende. Prácticamente es permitir que lo masacren a palos.
Resultaba una verdadera caimanera cuando Rivas lanzaba unos globitos al plato para que le dieran batazos de todas las marcas, entre ellos el criollo, Luis Lara, quien aprovechó la ganga y le descargó su primer cuadrangular en Las Mayores.
Como estos jugadores no son lanzadores profesionales, sus pitcheos carecen de velocidad o repertorio efectivo (con rectas a 40-70 mph), lo que facilita que la ofensiva contraria conecte con facilidad y castigue con racimos enormes de anotaciones que se registran oficialmente como limpias.
¿Cómo puede calificarse esa paliza?
Este resultado se le califica como una de las mayores humillaciones y blanqueadas de la era moderna de las Grandes Ligas, igualando el récord histórico de margen de blanqueada desde 1900.
Para el equipo derrotado representa tocar fondo anímico en la temporada, mientras que para el ganador es una demostración descomunal de poder y concentración absoluta de principio a fin.
Muchos aficionados y expertos, sostienen, no obstante, que así es el beisbol, un deporte impredecible y para ellos es por ello que gusta tanto.