Jackson Chourio no solo tiene poder, también sabe esperar. En el noveno inning del segundo juego de la Serie Divisional entre los Cerveceros de Milwaukee y los Padres de San Diego, el venezolano enfrenta a Mason Miller con dos outs, las bases llenas y la posibilidad de dejar a su rival en el terreno.
Pero hay un detalle que llama la atención
Mientras Sal Frelick se encuentra en segunda base, el jardinero de Milwaukee hace un movimiento hacia su cuello justo antes de que Miller lance un slider a Chourio. El venezolano no persigue el envío y deja pasar la pelota.
¿Una señal? ¿Una pista? ¿O simplemente una coincidencia? La imagen abre la posibilidad de que los Cerveceros hayan identificado algún patrón en los lanzamientos de Miller.
Chourio no muerde el anzuelo
La decisión del venezolano resulta todavía más importante cuando se observa el turno completo.
Miller había mostrado una recta capaz de superar las 100 millas por hora, pero con cuenta de 1-2 recurre al slider. Chourio lo reconoce, aguanta el swing y deja que el lanzamiento se vaya fuera de la zona. Así, la cuenta llega a 2-2 y ahí cambia todo.
Chourio ya tiene claro que no necesita perseguir el pitcheo que Miller quiere utilizar para sacarlo de balance. El venezolano espera el lanzamiento correcto y obliga al cerrador de San Diego a volver a retarlo con su mejor arma: la recta.
Espera la recta… y no perdona
Miller vuelve con la bola rápida.
La recta alcanza las 101.3 millas por hora, pero Chourio está preparado. Acorta el swing y conecta un batazo de línea por el medio del terreno que trae al plato a Christian Yelich y Sal Frelick.
Milwaukee gana 4-3 y toma ventaja de 2-0 en la serie.
El batazo registra una velocidad de salida de 109.5 mph, pero el verdadero golpe de Chourio ocurre antes del contacto: no se desespera ante el slider, espera el lanzamiento que quiere y castiga la recta que llega después.
¿Casualidad o lectura?
Nadie puede asegurar que el gesto de Frelick haya revelado el lanzamiento de Miller. Sin embargo, la secuencia resulta demasiado llamativa para pasarla por alto: señal en segunda, slider que Chourio deja pasar y, un lanzamiento después, recta de 101.3 mph que termina en el jardín central.
Más allá de si hubo o no una señal, Chourio demuestra algo que va mucho más allá de la fuerza.
Lee el turno, espera su pitcheo y, cuando aparece, no perdona, y así convierte un posible detalle escondido en segunda base en la antesala de uno de los batazos más importantes de su carrera.