El 21 de mayo de 2007, la vida de Maikel García cambió para siempre tras el trágico asesinato de su padre. Con apenas siete años, encontró en los diamantes de béisbol de La Sabana su único y verdadero refugio seguro. Hoy, consolidado como figura de los Reales de Kansas City, transforma aquel inmenso dolor en grandeza.
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El béisbol como salvavidas
En una entrevista para El Extrabase, el antesalista aseguró que de no haberse aferrado firmemente al deporte, su destino habría sido muy incierto.
"El béisbol salvó mi vida", confiesa el jugador con total franqueza y valentía.
García creció sabiendo que su padre andaba en malos pasos, pero eligió atesorar los buenos recuerdos. A pesar de esa dura ausencia paterna, siente que su papá lo acompaña en cada partido.
"Cuando salgo al terreno, escribo el número 21 en la tierra", revela muy emocionado.
El jugador de los Reales precisó que se pasa esa arena por el cuerpo porque siente que él está siempre cuidándolo.
Un camino lleno de espinas
A diferencia de los cotizados prospectos, firmó tarde, a los 16 años, por solo 30 mil dólares. Aceptó esa baja cantidad impulsado por el deseo vital de entrar al negocio y poder demostrar su talento. Esa cifra, que a muchos jóvenes desanimaría, forjó su actual carácter competitivo y humilde.
"Si me hubiesen dado un millón, no sería el jugador que soy hoy", reflexiona con mucha firmeza.
Su ascenso por las sucursales menores estuvo plagado de obstáculos y momentos de mucha frustración. Confiesa que debió lidiar con serios problemas de ira que casi truncan su naciente carrera profesional.
Mentoría y madurez mental
Una amenaza de suspensión por no correr duro hacia la inicial lo hizo reaccionar a tiempo. Tras disculparse y recibir el respaldo de su primo Alcides Escobar, cambió su actitud definitivamente.
El apoyo del capitán Salvador Pérez fue vital en su consolidación dentro del mejor béisbol. El veterano receptor le enseñó una regla de oro inquebrantable: jamás llevarse los fallos del bateo a la defensa.
Maikel también buscó ayuda psicológica profesional para aprender a canalizar sus fuertes emociones. Hoy mantiene el hábito de escribir un diario donde agradece y proyecta sus mejoras para el día siguiente.
Una nueva identidad en Las Mayores
Su motivación alcanzó un punto máximo cuando el manager Matt Quatraro lo sentó en un Opening Day. Lejos de rendirse, transformó esa amarga frustración inicial en un motor para elevar su nivel de juego.
"Gracias a esa decisión trabajé más duro y me convertí en estrella", le confesó luego al estratega. Su crecimiento es innegable: se alzó con un Guante de Oro y disputó el ansiado Juego de Estrellas.
Hasta el legendario George Brett le obsequió una camisa dedicada: "Para mi jugador favorito". Atrás quedó la inmensa sombra de su famosa familia, forjando su propio y brillante recorrido.
"Ya no soy el primo de Ronald o el sobrino de Alcides", sentencia con profundo orgullo. "Ahora soy Maikel García, el jugador estrella de los Reales de Kansas City".