Hay momentos en un terreno de juego que trascienden los números para convertirse en pura poesía visual. Eso fue exactamente lo que protagonizó Luis Lara esta semana, cuando con otra gran jugada dejó atónitos a todos los asistentes en el estadio.
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Se jugaba la parte alta de la quinta entrada, cuando su compatriota, Eugenio Suárez de los Rojos de Cincinnati, conectó un batazo que proyectaba hacia lo profundo del jardín derecho. Allí apareció con reflejos felinos, el novato Lara para guindarse de la barda y robarle un cuadrangular a Suárez.
Lara leyó la trayectoria con precisión milimétrica, corrió con desespero hacia la zona de advertencia y, en el último suspiro, se elevó por los aires para arrebatarle un cuadrangular cantado al rival. El impacto contra la pared quedó grabado como una postal inolvidable de entrega y sacrificio.