Aníbal Sánchez estaba a seis outs de la inmortalidad. Era el primer juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional en 2019. El derecho de los Nacionales de Washington tenía a los Cardenales de San Luis comiendo de su mano; ni un solo imparable en siete entradas completas. El Nationals Park rugía con la posibilidad real de ver un juego sin hits ni carreras en plena postemporada, una hazaña que solo dos lanzadores habían logrado en la historia de las Mayores.
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Sánchez llegó al octavo episodio con un dominio quirúrgico. Su cambio de velocidad y la localización de su recta mantenían a los bateadores de San Luis totalmente desorientados. En el beisbol, el protocolo del "no-hitter" dicta silencio absoluto; nadie le hablaba a Aníbal, nadie se movía de su sitio.
Sin embargo, el manager de los Cardenales, Mike Shildt, decidió quemar su última nave para romper el hechizo. Buscó en la banca a su bateador de contacto más agresivo: José “Cafecito” Martínez. El venezolano entró como emergente con la misión específica de poner la pelota en juego y evitar que su equipo fuera humillado históricamente.
Sánchez intentó trabajar la zona baja, buscando el contacto débil que le había funcionado durante toda la noche. Pero Martínez, fiel a su estilo de "hachazo" y extensión de brazos, no esperó demasiado. Al segundo pitcheo, una recta que se quedó ligeramente en el corazón del plato, "Cafecito" conectó una línea sólida hacia el jardín central.
La pelota picó limpiamente. En un segundo, el estadio pasó del rugido a un silencio sepulcral, mientras el dugout de San Luis celebraba con alivio. El juego sin hits se había esfumado. Aníbal Sánchez simplemente asintió, reconociendo el buen contacto de su compatriota, y fue retirado del encuentro entre aplausos tras una labor de 7.2 entradas de pura maestría.
