El legado de Marilyn Monroe, uno de los iconos más reconocibles del cine mundial, no terminó con su muerte en 1962. Muy por el contrario, se transformó en una de las herencias más disputadas y lucrativas de la industria del entretenimiento.
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Y en el centro de esa historia aparece Anna Mizrahi, una figura poco conocida fuera del mundo del espectáculo llamada posteriormente Anna Strasberg, una actriz nacida en Caracas, Venezuela, el 16 de abril de 1939.
Su nombre no figuraba en los titulares de Hollywood durante la época dorada del cine, pero décadas después acabaría vinculada a uno de los patrimonios más valiosos del mundo como los derechos de imagen de Marilyn Monroe.
El testamento de Marilyn Monroe
Cuando Marilyn Monroe falleció en agosto de 1962, su testamento dejó una distribución clave que marcaría el futuro de su imagen pública.
El 75% de su herencia fue asignado a su mentor y profesor de actuación, Lee Strasberg, mientras que el 25% restante fue destinado a su psiquiatra, la doctora Marianne Kris.
Anna Mizrahi, fallecida en 2024, emigró desde Venezuela hacia Estados Unidos, donde desarrolló su carrera como actriz antes de vincularse al círculo del Actors Studio. Allí conoció al influyente director teatral Lee Strasberg, con quien se casaría en 1968.
Tras la muerte de Paula Strasberg en 1966, y posteriormente la de Lee Strasberg en 1982, Anna heredó el control del 75% del patrimonio de Marilyn Monroe, un hecho que ocurrió sin que ella hubiera conocido personalmente a la actriz en vida.
Ese momento marcó un punto de inflexión, pues, una actriz venezolana se convertía, casi por azar histórico, en la principal administradora del legado de una de las mayores estrellas del siglo XX.
El salto al negocio
Bajo la gestión de Anna Strasberg, el nombre e imagen de Monroe dejaron de ser únicamente un símbolo cinematográfico para transformarse en un activo comercial internacional.
A partir de finales de los años 90, la administración del patrimonio dio un giro decisivo y se firmaron más de setecientos contratos de licencias, abarcando productos de moda, cosmética, bebidas, coleccionables y campañas publicitarias en todo el mundo
El resultado fue contundente. Entre 1996 y 2000, el patrimonio generó millones de dólares en ingresos por licencias, consolidando a Marilyn como una de las celebridades fallecidas más rentables del planeta.
Marilyn dejó de ser solo una figura histórica para convertirse en una marca viva dentro de la economía del entretenimiento.
El éxito económico también trajo consigo una batalla judicial decisiva. Durante los años 2000, el control del uso de la imagen de Monroe fue cuestionado por herederos de fotógrafos y entidades externas, lo que derivó en múltiples demandas en Estados Unidos.
El punto central del conflicto era una pregunta clave: ¿a qué estado pertenecía legalmente Marilyn Monroe al morir? De esa respuesta dependía quién tenía derecho a explotar su imagen comercialmente
Tras años de litigios, los tribunales concluyeron que Monroe era considerada residente de Nueva York, lo que limitó parcialmente los derechos exclusivos que el patrimonio de Strasberg podía ejercer sobre determinadas imágenes.
Cambios en ABG
En 2011, Strasberg tomó una decisión estratégica y vendió la mayor parte de su participación en el patrimonio de Marilyn Monroe a la empresa Authentic Brands Group (ABG) por una cifra estimada entre 20 y 30 millones de dólares, aunque mantuvo una participación minoritaria.
Ese acuerdo marcó el inicio de una nueva etapa para el legado de la actriz. Bajo ABG, la imagen de Monroe continuó expandiéndose en campañas globales de marcas como Dior y Coca-Cola, reforzando su estatus como ícono cultural y comercial incluso seis décadas después de su muerte.
