La tensión en el vestuario de Los Angeles Lakers alcanzó su punto de ebullición tras la derrota ante Oklahoma City Thunder. Más allá del marcador, que deja a los californianos en un abismo de 0-2 en la serie, el centro de la polémica fue el criterio arbitral.
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JJ Redick, en un tono inusualmente crítico, salió en defensa de su capitán, asegurando que el respeto que impone el físico de LeBron James se ha convertido en su mayor desventaja.
Un trato desigual para "El Rey"
Para Redick, los años de experiencia junto a James no han hecho más que confirmar una sospecha: a LeBron se le mide con una vara distinta. "LeBron tiene el peor silbato de cualquier estrella que haya visto en mi vida", sentenció el entrenador ante la prensa.
La teoría de Redick apunta a una injusticia basada en la fisonomía. Según el técnico, mientras que los jugadores más pequeños suelen obtener faltas mediante la exageración de contactos (el famoso flopping), la fortaleza de James juega en su contra.
"Recibe muchísimos golpes, especialmente en la cabeza durante sus penetraciones, y rara vez se pita algo. No es algo nuevo, pero esta noche fue evidente", añadió un Redick visiblemente molesto.
La frialdad de las estadísticas
Los números parecen respaldar la frustración del banquillo angelino. En el segundo encuentro, LeBron James firmó una actuación sólida con 23 puntos y un 50% en tiros de campo, pero solo visitó la línea de tiros libres en cuatro ocasiones.
Si comparamos estos datos con su promedio de la temporada regular (5.3 intentos) o lo visto en la primera ronda ante los Houston Rockets (7.7 intentos), la caída en la frecuencia de pitidos es drástica. Especialmente preocupante fue el primer partido de esta serie el pasado martes, donde el jugador de 41 años apenas tuvo un intento desde la línea de castigo en toda la noche.
Críticas a la "perfección" defensiva del Thunder
Redick también lanzó dardos hacia la estrategia defensiva de Oklahoma City, sugiriendo que su reputación de equipo disciplinado es, en parte, un espejismo arbitral. El entrenador cuestionó cómo un equipo puede ser tan físico sin ser penalizado.
"Tienen jugadores que cometen faltas en casi cada posesión", comentó con sarcasmo. Redick contrastó la libertad permitida a los defensores de OKC con la facilidad con la que Shai Gilgeous-Alexander, estrella del Thunder, consigue pitidos a su favor ante contactos mínimos. Durante un tramo crítico de cuatro posesiones, Redick asegura que sus jugadores fueron "superados físicamente" de forma ilegal sin que los jueces intervinieran.
Frustración colectiva y el peso de la casa
El malestar no fue exclusivo del entrenador. Al finalizar el encuentro, la imagen del equipo rodeando a Austin Reaves —máximo anotador del partido para los Lakers— mientras este reclamaba airadamente a un oficial, dejó claro que la plantilla se siente desprotegida.
Con la serie mudándose a Los Ángeles este sábado, los Lakers se enfrentan a un escenario de vida o muerte. Históricamente, remontar un 0-3 es una misión imposible en la NBA, por lo que el tercer partido no solo será una batalla técnica y física, sino una prueba de fuego para ver si la presión mediática de Redick surte efecto en el criterio de los colegiados.
