El boxeo a simple vista puede parecer muy burdo. Para los seguidores se trata de una disciplina que requiere mucha destreza y talento. Es uno de los deportes que se realiza desde tiempos inmemoriales por parte de muchas culturas como la antigua Grecia, Rusia e Inglaterra. En efecto, los ingleses fueron grandes impulsores de este deporte que se desarrolló durante 3 siglos seguidos convirtiéndose en uno de los más rentables y reconocidos a nivel mundial.
El padre del boxeo
A principios del siglo XVIII, el boxeo ya era un deporte oficial y ligado fuertemente a James Figg, un boxeador inglés que ganó fama mundial entre 1719 a 1734 por ser el primer campeón en puño limpio sin guantes y como entrenador de otros aspirantes. Sin embargo, este deporte, aún estaba asociado a otras disciplinas como la lucha, el garrote y a esgrima. Esta correlación entre el boxeo y otras formas de lucha viene indicada en el texto de 1973 de asesoramiento más antiguo que se conserva formando parte de un tratado sobre la lucha libre en Cornualles de Sir Thomas Parkyns. Fue, entonces, Figg quien consiguió dominar todas las disciplinas con armas, con puño y lucha libre por lo que sus combates se convirtieron en un gran atractivo para sus espectadores que aumentaron exponencialmente cada año y muchos de los cuales, pidieron aprender. Por tanto, Figg creó la primera escuela en Londres donde enseño sus métodos y todas las reglas de la lucha.
Con esta escuela llegó la popularización del boxeo y James Figg sentó las bases del arte moderno de este deporte. Asimismo, muchos aristócratas se interesaron y entrenaron, tal como el reconocido Jack Broughton quien fue considerado 100 años después como “el padre de la ciencia en el arte de la defensa personal” por el periodista deportivo Piercen Eagan y autor de la primera obra completa sobre la historia del boxeo "el primero entre los boxeadores" y "el perfecto maestro en tiempo y forma del golpe". Broughton que entrenó bajo la dirección de Fibb fue campeón de Inglaterra en 1734 tras derrotar a George Taylor. En 1940 con el fallecimiento de Figg, Broughton se hizo cargo de la escuela y financió su Anfiteatro aprovechando las buenas relaciones que tenía con la elite de la sociedad inglesa. Allí en Hanway se celebraron los combates de boxeo más importantes durante una década.
Broughton ya no solo fue un gran combatiente famoso, sino que estableció nuevas formas de luchar, en las que introdujo las Reglas Broughton. Estas se implementaron como resultado de un duelo con su antiguo rival George "Coachman” que murió días después por las heridas provocadas de ese combate.
Las Reglas Broughton
Hasta siete reglas fueron introducidas por Broughton tras este combate, que entró en vigor dos años después, en 1743, con la apertura del Anfiteatro. Estas reglas se desarrollaron y detallaron en 1838 con el nombre de London Prize-Fighting Rules y se aplicaron a la mayoría de los combates de boxeo durante los siguientes 124 años. Con estas reglas se dio a conocer el adjetivo “floul” que hace referencia a la conducta antideportiva.
Las Reglas Broughton incluían la prohibición de golpear a alguien tirado en el suelo, golpear por debajo de la cintura, atacar a los ojos, morder, pellizcar, arañar y una regla de derribo de medio minuto (el tiempo que el rival derribado tenía para acercarse a la línea de media del combate antes de ser descalificado) Un tiempo pensado para la recuperación del púgil. Pese a estas medidas, la brutalidad de los golpes no menguó.
En el siglo XIX la popularidad del boxeo había alcanzado a las clases pudientes. Es entonces cuando el dinero empieza a ganar protagonismo y las apuestas aparecieron como otro tipo de deporte entre los espectadores. A finales de ese siglo, los ricos empezaron a patrocinar y a apostar por su boxeador favorito. Un fenómeno que nunca cambió y ahora, en pleno siglo XXI, sigue en auge, pero de forma segura y las apuestas se pueden realizar online. Internet ofrece un sinnúmero de apuestas deportivas en plataformas de confianza, solo tienes que visitar sitios web como Codere casino opiniones donde los jugadores se pueden compartir información, consultar las reseñas sobre el mercado y las mejores cuotas de las apuestas deportivas.
En efecto, las apuestas a finales del siglo XIX, dominaron el deporte, incluso de una forma descontrolada. El ejemplo más evidente de lo que estaba en juego en los combates de los boxeadores es el caso del propio Broughton: quién decidió regresar al ring después de retirarse seis años atrás. Cuando regresó fue fulminantemente derrotado por Jack Slack. Este hecho le pasó factura, dado que había sido financiado por el primer duque de Cumberland, Guillermo Augusto, quién perdió 10.000 libras en sus apuestas, y como consecuencia le costó al boxeador su Anfiteatro y para rematar, acabó con la buena fama del deporte, por lo que el boxeo cayó en picado entre la aristocracia. Tuvo que pasar casi medio siglo para que este deporte volviera a despertar el interés gracias Daniel Mendoza, uno de los boxeadores más exitosos de todos los tiempos.