Si dentro del hipismo venezolano se realizara un listado con los tres mejores entrenadores en más de un siglo de historia —repartida entre los óvalos de El Paraíso y La Rinconada—, el nombre de Julio Ayala Coronil ocuparía un lugar obligatorio. Su elevada eficiencia, talento y efectividad con los ejemplares, especialmente en las pruebas de aliento (1800 metros o más), lo consagraron en la hípica nacional.
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Aunque el preparador venezolano y miembro del Salón de la Fama del Hipismo Caribeño se encuentra retirado de la actividad profesional y reside en los Estados Unidos, se mantiene muy atento al acontecer del turf. Recientemente, participó en una entrevista en vivo transmitida por la cuenta ganadores_vip_deportes en la plataforma TikTok, donde abordó con absoluta franqueza un tema polémico: los jinetes que presuntamente frenan el rendimiento de los caballos. Durante la transmisión, compartió su postura y desveló una experiencia personal contundente.
«Yo siempre dije que, de cada cien caballos que [supuestamente] paraban, cinco eran verdad; noventa y cinco no lo eran. Esa era mi opinión. A lo mejor yo estaba equivocado o era que a mí los jinetes me corrían derecho», manifestó inicialmente el laureado entrenador.
«Rara vez tuve una queja directa de un jinete por la forma de correrme un ejemplar», continuó Ayala. «Recuerdo muchísimo a un aprendiz que me montó por primera vez a una yegua. A mí me gustaba como una línea fija para ganar, pero el animal llegó en el último lugar. Yo me quedé sin palabras. El propietario de la yegua estaba al lado mío y me dijo: [¡Cónchale, Julio! Pero ¿cómo es posible? Esta yeguita, que andaba tan bien... tú me dijiste que viniera, que ganaba]. Yo solo le respondí que eran cosas que pasaban».
El veterano profesional prosiguió con el relato: «Yo tenía que ir a la cuadra a revisarla. Lo primero siempre es ir a la caballeriza y ver qué pasó, porque quizás el caballo quedó en tres patas o se estaba ahogando, y la gente le echa la culpa al jinete de que paró al animal. Lo importante era ir a constatarlo primero. Así fue. Cuando llegué, me encontré al cuidador de la yegua armando un escándalo horrible».
«Le pregunté qué le pasaba y me contestó: [Esta yegua no corrió; mírela cómo está, fresquita]. Me acerqué, tomé a la yegua, la revisé por completo de arriba abajo y, efectivamente, no había corrido. Me quedé callado y no le dije nada al propietario en ese momento».
«Como yo nunca acostumbraba a correr seguido a un ejemplar, fui al día siguiente, un domingo, a la Junta de Condiciones. Busqué a Luis Martín —exjinete y actual entrenador—, quien siempre fue uno de mis jockeys de confianza cuando quería impulsar un caballo o certificar si tenía algún problema. Para mí, Luis Martín era el indicado, un profesional clase A1 que sabía opinar muy bien», detalló.
«Le dije: [Mira, Luis, yo quisiera que me corrieras esta yegua la semana que viene]. A lo que el jinete Martín me respondió: [Caramba, patrón, pero esa yegua va con 56 kilos; usted va a dar esa ventaja]. Yo le contesté que sí. Al final, la yegua ganó por seis cuerpos con la monta de Luis Martín».
Para concluir, el legendario entrenador sentenció: «Después de eso, la yegua ganó incluso carreras especiales. Yo me guardé el nombre del aprendiz y, desde ese día, nunca más volvió a correr un caballo de mi cuadra.