Giovanni Malagò, reconocido por dirigir los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, tiene una nueva e importante misión. El lunes fue elegido como el nuevo presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) para intentar revitalizar el deporte en el país.
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El experimentado dirigente de 67 años superó a su único rival, el expresidente Giancarlo Abete. Logró una contundente victoria al obtener el 68,58 por ciento de los votos durante una asamblea general extraordinaria celebrada en la ciudad de Roma.
Este triunfo era predecible, pues contaba con el apoyo unánime de las grandes divisiones, la Serie A y la Serie B. Las asociaciones de jugadores y entrenadores también respaldaron su candidatura, asegurando más de la mitad del electorado disponible.
Malagò es considerado un brillante estratega político y un gran administrador deportivo. Entre 2013 y 2025, guio al deporte italiano hacia una época dorada como presidente del Comité Olímpico Nacional (CONI), máxima autoridad deportiva del país.
El amargo presente del "Calcio"
El nuevo presidente asume el control en el momento más crítico del fútbol nacional en décadas. Italia se ha rezagado gravemente frente a sus vecinos europeos desde su última conquista mundialista, ocurrida hace ya veinte años.
La Serie A, otrora la liga más rica del mundo, ha perdido gran parte de su poderío económico. Gigantes como el AC Milan, el Inter y la Juventus sufren hoy para competir financieramente contra la Premier League y otros clubes de élite. La crisis se agravó al no clasificar, por tercera vez consecutiva, a la Copa del Mundo que actualmente se disputa en Norteamérica. El doloroso fracaso ante Bosnia-Herzegovina en el repechaje provocó una ola de renuncias masivas en la selección.
El anterior presidente, Gabriele Gravina, dimitió tras un intento fallido de conservar su puesto. A su salida se sumaron el técnico Gennaro Gattuso y el director general, Gianluigi Buffon, dejando un enorme vacío de liderazgo institucional.
Retos urgentes y la Euro 2032
La primera gran tarea de Malagò será nombrar a un nuevo seleccionador nacional para liderar la reconstrucción. Fuertes rumores en la prensa local señalan a Roberto Mancini como el principal candidato para asumir nuevamente este banquillo.
Además, el nuevo presidente deberá implementar reformas urgentes dentro de la FIGC y preparar al país para la Eurocopa 2032. Este torneo se organizará en conjunto con Turquía, pero la sede italiana corre peligro por su deficiente infraestructura.
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, advirtió recientemente que Italia podría perder el derecho a albergar el certamen. El directivo criticó duramente el estado de los estadios nacionales, calificándolos como "algunos de los peores de toda Europa".
El futuro está en la cantera
Revitalizar el sistema de desarrollo juvenil es una prioridad absoluta para la nueva administración. Italia pasó de ser una inagotable cuna de talentos a depender de pocas figuras mundiales, como el destacado portero Gianluigi Donnarumma.
Poco antes de la debacle mundialista, la FIGC había anunciado un ambicioso proyecto para las categorías inferiores. Los campeones del mundo en 2006, Simone Perrotta y Gianluca Zambrotta, desempeñan un papel clave en esta nueva y necesaria iniciativa.
Aunque la selección mayor atraviesa un periodo muy oscuro, las categorías menores ofrecen un rayo de esperanza. A principios de mes, la selección italiana sub-17 demostró su gran potencial al coronarse campeona de Europa por segunda vez en tres años.
