El estelar receptor de los Marineros de Seattle, Cal Raleigh, decidió dar la cara ante la severa crisis que atraviesa su equipo. Tras sufrir su quinta derrota consecutiva, el jugador no dudó en responsabilizarse por el mal momento colectivo.
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"Todo empieza conmigo. Soy pésimo. Es lo que hay", confesó Raleigh con notable frustración al periodista Bill Ladson. El líder del equipo dejó claro que necesita encontrar soluciones urgentes para poder ayudar a sus compañeros a salir del bache.
La exigencia de mejorar
Raleigh hizo hincapié en que la plantilla entera está fallando en todos los aspectos fundamentales del juego. Señaló que el equipo debe elevar su nivel de ejecución y mostrar mucha más energía sobre el diamante de juego.
"Tenemos que mejorar para poder ganar partidos. Ahora mismo no lo estamos haciendo", sentenció el receptor. Esta crisis ha hundido a los Marineros a su peor registro de la campaña, quedando ocho juegos por debajo de la marca de .500.
La lucha contra la adversidad
El bajón de Seattle es evidente desde el receso del Juego de Estrellas, acumulando un preocupante récord de 8-14. Ante este escenario, Raleigh exige mayor entrega diaria, recordando que en las Grandes Ligas nadie regala absolutamente nada.
"Cuando las cosas no salen, es difícil; sientes que el mundo está en tu contra, pero hay que tener buena actitud", explicó. Reconoció que la frustración personal a veces disminuye la energía, un error que prometió corregir de inmediato.
El peso del pasado
"Eso empieza conmigo, y tengo que esforzarme más cada noche: estar preparado y listo para darlo todo", concluyó con firmeza. Sus números actuales (.159 de promedio y 12 jonrones) contrastan brutalmente con su histórica campaña anterior.
Apenas en 2025, Raleigh fue subcampeón del MVP tras conectar 60 cuadrangulares, un récord absoluto para un receptor en la liga. Hoy, el equipo de Seattle añora a ese poderoso bateador mientras lucha por no alejarse definitivamente de los puestos de comodín.