Saltan las alarmas en el seno de Golden State Warriors y en el entorno de la NBA. La principal figura del equipo y cuatro veces campeón de la liga, Stephen Curry, continúa lidiando con secuelas físicas importantes en su rodilla derecha, una molestia persistente derivada de la campaña anterior que obligará al cuerpo técnico a implementar un estricto plan de «gestión de cargas» (load management) a lo largo de la próxima temporada 2026-2027.
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Una dolencia molesta y persistente
El base estrella se vio severamente afectado a principios de 2026 por una condición médica conocida técnicamente como síndrome de dolor patelofemoral, popularmente nombrada como «rodilla de corredor». Esta irritación en los tejidos circundantes de la rótula obligó al histórico tirador a perderse un total de 27 partidos consecutivos en la segunda mitad de la fase regular pasadas las fechas del All-Star Game.Aunque el base retornó a las pistas en la recta final del curso tras más de dos meses de inactividad, analistas cercanos al equipo, como Monte Poole de NBC Sports, advierten que la zona afectada no ha sanado al cien por cien. La naturaleza de este tipo de dolencias —agravadas por la exigencia física habitual, el volumen de minutos y el paso de los años— convierte el dolor en un factor recurrente con el que el jugador de 38 años deberá aprender a convivir.
El impacto directo en el esquema de Golden State
El impacto de la ausencia de Curry quedó en evidencia durante la campaña anterior. Sin su líder en la cancha, los dirigidos por Steve Kerr sufrieron de manera drástica para mantener un ataque fluido y competitivo. Registrar una preocupante marca negativa durante el tiempo que Steph permaneció en la enfermería demostró que la plantilla depende de forma crítica del espacio, el ritmo y la efectividad que genera el dorsal '30'.
Ante este escenario, la dirección médica y el cuerpo técnico de la franquicia de la Bahía han acordado modificar el enfoque con respecto al uso de su superestrella. Para evitar recaídas mayores o un desgaste estructural irreparable, el plan trazado para el nuevo curso incluirá la reducción premeditada de sus minutos en cancha y la ausencia programada en partidos consecutivos (back-to-backs).
Para un atleta reconocido históricamente por poseer uno de los mejores acondicionamientos físicos de toda la NBA, la necesidad de regular sus esfuerzos representa un cambio radical. El propio Curry reconoció con anterioridad que aprender a manejar el malestar en la articulación forma parte de su «nueva normalidad» profesional.
A pesar de las limitaciones médicas, en el entorno del jugador existe el optimismo de que, mediante una administración prudente de su tiempo en pista, Curry pueda disputar la mayoría de los compromisos de la temporada regular. La meta prioritaria del equipo no será acumular victorias en el calendario regular a costa de la salud de su figura, sino garantizar que la rodilla de Steph llegue en las mejores condiciones posibles a las instancias decisivas de los playoffs.