El Rose Bowl de Pasadena fue el escenario de un encuentro amistoso entre la Selección Mexicana y su similar de Nueva Zelanda, un partido que, a pesar de la tradición y el fervor que caracterizan al fútbol mexicano, mostró una alarmante falta de público.
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La baja asistencia, se estimada en menos de la mitad de la capacidad del estadio, plantea un preocupante escenario sobre el apoyo de la afición hacia el Tricolor en un momento crítico de su historia.
Este fue el primer partido de Javier Aguirre en su tercera era con la selección mexicana, de cara al Mundial 2026, después de finalizar en octavos de final de los mundiales de Corea - Japón 2002 y Sudáfrica 2010.
Y además, el debut de Rafa Márquez como asistente de la selección mexicana. El exdefensor del Barcelona está posicionado para ser el próximo entrenador del representativo mexicano rumbo al Mundial 2030.
Se refleja el mal momento
La mala asistencia, inferior a los 25,271 que anunciaron los organizadores, reflejó el mal momento que vive la selección de México. Fue la segunda ocasión en la que la afición mexicana en los Estados Unidos le ha dado la espalda al Tri en la época reciente.
La anterior fue después que México fue goleado por Estados Unidos (3-0) en la semifinal de la Nations League 2023, lo que resultó que el partido por el tercer lugar ante Panamá se jugara con un estadio casi vacío en el Allegiant Stadium de Las Vegas, Nevada.
“Es el primer paso, en la medida que vayamos haciendo camino, vayamos siendo generosos, entregados y que no acompañe los resultados, la gente va venir llegando”, indicó Javier Aguirre, quien recalcó que en el Estados Unidos ante Canadá de este mismo sábado llegaron menos de 25,000 personas (10,523) al Children’s Mercy Park de Kansas City.