El Libro Guinness de los récords certificó de manera oficial que Jonathan, una majestuosa tortuga gigante de las Seychelles (Aldabrachelys gigantea hololissa), no solo es el animal terrestre vivo más viejo del planeta, sino que se ha convertido de forma oficial en la tortuga más longeva de la que se tenga registro en toda la historia de la humanidad.
Jonathan vive plácidamente en la remota isla de Santa Elena, un territorio británico de ultramar en el Océano Atlántico Sur, donde reside en los jardines de Plantation House, la residencia oficial del gobernador.
El animal este miércoles superó oficialmente el récord histórico que ostentaba anteriormente Tu'i Malila, una tortuga radiada que vivió al menos 189 años tras ser regalada a la familia real de Tonga por el capitán James Cook en 1777, y que falleció en 1965.
Pruebas de su desafío al tiempo
Según los ciéntíficos, determinar la edad exacta de un espécimen tan antiguo es complicado, pero en el caso de Jonathan existen bases documentales sólidas: Su llegada a la su residencia actual fue en el año 1882 procedente de las islas Seychelles como un regalo para el entonces gobernador.
Asimismo, exite una famosa fotografía de archivo tomada entre 1882 y 1886 que muestra completamente desarrollado en los jardines de la residencia. Debido a que las tortugas de su especie tardan aproximadamente 50 años en alcanzar la madurez total, los expertos estiman con total certeza que nació alrededor del año 1832.
Para poner su longevidad en perspectiva, cuando Jonathan nació, la reina Victoria del Reino Unido todavía era una adolescente, la bombilla eléctrica no se había inventado y faltaban décadas para que el ser humano lograra el primer vuelo a motor o construyera el primer automóvil.
Su estado de salud actual
La nota de prensa de Guinness explicó que a pesar de su impresionante edad, su cuidador principal, el veterinario Joe Hollins, reporta que Jonathan mantiene un excelente espíritu y una energía envidiable, aunque los años no pasan en vano.
La tortuga perdió prácticamente la totalidad de la vista debido a las cataratas y carece de sentido del olfato. Sin embargo, conserva un oído sumamente agudo y reconoce perfectamente la voz de su veterinario.
Para garantizar que reciba los nutrientes necesarios en esta etapa de su vida, el equipo de Plantation House lo alimenta una vez por semana a mano con una dieta rica en frutas y verduras frescas (como manzanas, zanahorias, pepinos y plátanos), lo que ha mejorado notablemente su digestión y la calidad de su caparazón.