El enfrentamiento entre Portugal y Croacia en Toronto no solo definió el pase a la siguiente fase, sino que marcó el fin de una trayectoria legendaria. Luka Modrić disputó ante el combinado luso su último partido en una Copa del Mundo, poniendo fin a un capítulo inolvidable.
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A pesar de que Croacia comenzó ganando con un gol de Ivan Perišić, Portugal logró remontar con un penal de Cristiano Ronaldo y un tanto agónico de Gonçalo Ramos. La eliminación fue especialmente dura para los balcánicos, cuyo posible empate en el tiempo añadido fue invalidado por el VAR.
El último cruce entre dos amigos
El partido tuvo un matiz nostálgico debido al reencuentro de Modrić y Cristiano Ronaldo, antiguos compañeros en el Real Madrid. Ambos capitanes volvieron a compartir cancha en un escenario mundialista, representando un cruce de caminos entre dos de los futbolistas más influyentes del siglo XXI.
Con el pitazo final, se consolidó una imagen histórica: mientras Cristiano continúa su camino en el certamen, Modrić cierra su etapa en la máxima cita. Su salida deja un vacío inmenso, cerrando una trayectoria marcada por la excelencia, la constancia y un legado imborrable en el balompié internacional.
La huella imborrable de un capitán
Desde su debut en 2006, Luka Modrić se erigió como el mayor referente del fútbol croata. A lo largo de cinco Mundiales, el mediocampista lideró a su selección hacia logros históricos, destacando el subcampeonato en Rusia 2018, donde fue galardonado con el Balón de Oro, y el tercer puesto en Qatar 2022.
Más allá de los Mundiales, su impacto en las Eurocopas y la Liga de Naciones fue constante durante más de dos décadas. Con más de 170 partidos disputados, Modrić no solo superó el récord de presencias de Darijo Srna en 2021, sino que también redefinió la jerarquía de un líder en el campo.
Un legado que trasciende estadísticas
El paso de Modrić por la selección absoluta de Croacia es sinónimo de resiliencia y maestría táctica. Su capacidad para dictar el ritmo de juego y su visión privilegiada lo convirtieron en el eje de una generación dorada que colocó a un país pequeño en la cumbre del deporte mundial.
Aunque su ciclo en los Mundiales ha terminado, su influencia en el fútbol perdurará por generaciones. El croata se retira de la gran cita habiendo ganado el respeto unánime de aficionados y rivales, dejando como testigo una carrera intachable al servicio de sus colores.