Las carreras de caballos no solo consisten en el día de la competencia; durante todo el año, una amplia comunidad de trabajadores hace vida allí diariamente. Son muchos los ejemplares purasangre que deben ser atendidos con el máximo cuidado para ofrecer un espectáculo a la altura del llamado “Deporte de los Reyes”.
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En el momento en que un hipódromo de propiedad privada se pone a la venta, lo que está en juego no son solo las instalaciones, sino también los empleos directos e indirectos de cientos de personas que dependen de si los nuevos dueños deciden continuar con la actividad hípica.
El mensaje contundente que reciben los entrenadores
El hipódromo Hawthorne, en Chicago, se encuentra en bancarrota. Tras la jornada habitual del pasado domingo 19 de julio, los entrenadores recibieron una notificación al día siguiente: tienen hasta el 31 de agosto para desalojar el área de caballerizas con sus ejemplares. Además, se les informó que no hay dinero para saldar los premios acumulados de julio, cuya deuda oscila en un millón de dólares.
Dicha notificación también le fue comunicada a la colonia de jinetes que allí labora. Unas 500 personas trabajan en las caballerizas de Hawthorne y hoy ven amenazada su principal fuente de ingresos.
Aunque la temporada de este óvalo estaba programada para concluir en octubre, las deudas lo asfixian: los premios correspondientes a las jornadas de los días 5, 12 y 19 de julio aún no han sido cancelados a los propietarios, jockeys ni entrenadores.
Hawthorne abrió sus puertas el 5 de mayo de 1891 y es uno de los pocos óvalos centenarios en Estados Unidos que, muy probablemente, no llegará a celebrar un nuevo aniversario el próximo año. Cabe destacar que fue el primer hipódromo del país en instalar una pizarra eléctrica y en cronometrar las carreras mediante un sistema infrarrojo.