Las conclusiones extraídas de la reciente gira asiática de la selección nacional dejaron deberes urgentes sobre la mesa de Oswaldo Vizcarrondo.
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Si bien el cuerpo técnico logró ampliar el universo de convocados y consolidar las bases, dos grandes problemáticas saltaron a la vista: la falta de efectividad en ataque y en la creación de juego en el último tercio de cancha. Ante este panorama, un nombre vuelve a sobrevolar el entorno tricolor: Jefferson Savarino.
El planteamiento de la Vinotinto durante los amistosos en territorio asiático evidenció un vacío táctico considerable en las demarcaciones ofensivas, principalmente por la ausencia de un extremo derecho natural.
Las lesiones inoportunas (como la de David Martínez) y los problemas de visado (el caso de Ender Echenique), obligaron al banquillo a realizar improvisaciones sobre la marcha en los onces iniciales.
Dicha carencia se tradujo en una menor capacidad de asociación, lentitud en la transición ofensiva y una preocupante sequía en la generación de ocasiones claras de gol.
La postura del cuerpo técnico
El atacante del Fluminense había estado apartado de las últimas convocatorias debido al recordado cruce con Salomón Rondón, episodio en el que se cuestionó el compromiso de algunos elementos con el combinado nacional.
Buscando preservar la armonía del camerino y establecer un precedente institucional, el cuerpo técnico optó en su momento por prescindir de ambos futbolistas.
No obstante, previo a la fecha FIFA, el propio Vizcarrondo zanjó los rumores al afirmar públicamente que era momento de pasar página y que ningún jugador con buen nivel actual tiene las puertas cerradas en la selección.
¿Debe volver Savarino?
Jefferson Savarino parece haber tomado nota de las palabras del estratega. El extremo viene de marcar un hat-trick con el Fluminense en el Brasileirão Serie A, convirtiéndose en el primer venezolano en anotar tres goles en el futbol brasileño.
Si el "Savarinho" logra sostener esta regularidad en el Brasileirão, su perfil se antoja como una solución ideal a la escasez de extremos naturales y como el socio creativo que tanto urge para oxigenar el ataque de una Vinotinto que necesita un salto de calidad si aspira a competir con jerarquía.