Venezuela se midió a Uruguay en el estadio Centenario, un campo que en los últimos años había sido uno de donde el conjunto criollo lograba sacar buenos resultados, en esta novena fecha fue el lugar donde se enterró a una primera vuelta de eliminatorias realmente para el olvido.
El equipo venezolano ofreció dos versiones en un solo partido; en el que su cara buena (la de la Copa América Centenario) salió al arranque y la mala (la de toda esta eliminatoria) fue la que se vio en el resto del choque. El resultado de 3-0 condena a un equipo que, sin ninguna duda, ve acabado sus aspiraciones de llegar al Mundial de Rusia 2018.
La fortuna dio la espalda
Parece una excusa mala y recurrente, pero guste o no, cualquier evento cuenta con una cuota de suerte. Desde lanzar una moneda a un partido de clasificación a un torneo cuenta con factores que determinan el resultado final, el azar es uno de ellos y a Venezuela parece que dejó de sonreírle desde hace mucho tiempo.
La selección nacional tuvo un arranque vertiginoso, en el que su ataque sobresalió por encima del planteamiento defensivo de los charrúas. La presión arriba se dio desde el inicio y las intercepciones del mediocampo vinotinto aparecieron para generar la ofensiva; esto lo aprovechó muy bien Juan Pablo Añor (quien realizó el primer disparo), Salomón Rondón (moviéndose bien y pivoteando para sus compañeros) y, sobre todo, Adalberto Peñaranda.
Por la banda arrasaba el “18” y desde afuera remataba el “11” de la Vinotinto, ambos fueron el mayor peligro en los primeros compases del encuentro. Venezuela dominaba en ataque, prueba de ello es que realizó seis saques de esquina en apenas 15 minutos, ninguno los aprovechó; sin embargo fue el 21’ cuando Peñaranda falló la ocasión más clara, solo ante el arcó no pudo mandarla a guardar, suerte e ineficiencia por partes iguales. Después otra ocasión clara de Rondón con un zurdazo que se fue por muy poco.
Cuando todo parecía favorable para la Vinotinto los charrúas dieron muestra de su grandeza y como equipo de tronío anotó en su primera ocasión. Venezuela no aprovechó, por sus propias carencias, aunque es innegable que el azar también estuvo presente.
Una defensa apagada
Los errores en defensa comenzaron a aparecer, en el gol se vio. Se perdió un balón en mitad de cancha, con dos pases Uruguay se acercó al área, Luis Suárez centró y Nicolás Lodeiro cabeceó solo porque Mikel Villanueva no llegó a tiempo a la marca.
Todo lo bueno que realizó en los primeros 20 minutos se fue al traste por un error inexplicable. La Vinotinto fue un espejismo que se transformó en instante en pesadilla. Desde allí fueron pases errados, cambios de banda innecesarios y mal ejecutados, además de las perdidas en donde no debían y que casi siempre venían desde la defensa.
Las faltas se repetían una y otra vez, porque se convirtieron en la única forma de reparar los errores que cometían. Con Uruguay dominando se vio lo mal colocado que estaban siempre los defensas, sobre todo los laterales, que en cada ocasión eran superados o llegaban tarde a la marca.
En el tercer gol se vio claro lo apagada que estaba la zaga, que aunque el equipo estaba en inferioridad numérica, en campo ya había cuatro defensores y todos llegaron tarde a marcar en ese gol matador de Cavani.
Lo único rescatable es Dani Hernandez, que en estos últimos tiempos ha evitado que las goleadas sean más dolorosas. Pero esto recuerda (y mucho) a aquellas épocas oscuras que bien conoce Dudamel, en las que el portero venezolano se salva de la quema en las grandes goleadas recibidas.
El gol que acabó con cualquier plan
Los planes de la Vinotinto para la segunda parte jamás se lograron ver, principalmente porque estos se cayeron con el gol de Edinson Cavani a los 15 segundos de reanudarse el partido. Wilker Ángel, más pendiente de desestabilizar al delantero charrúa, se olvidó del elemento central del juego: la pelota. El atacante del PSG sí estuvo atento, se libró de la marca y anotó.
Un despiste más a los ya narrados más arriba, pero este le costó en lo táctico y en lo anímico porque parecía echar por la borda cualquier intento de empate que se tuviera.
A Dudamel lo afectó, debido a que no se pudo aplicar lo planeado, pero él tampoco reaccionó con otros cambios. Activar el ataque era la premisa, pero los errores en defensa hacían dudar que hacer; con la entrada de Josef Martínez se trató de arreglar, pero la expulsión por doble amarilla de Oswaldo Vizcarrondo terminó de arruinar todo; expulsión que vino de otro error defensivo y la llegada tardía del zaguero del Nantes.
Cualquier cambio en ataque quedó condicionado por la expulsión. Tuvo que salir Añor, dejando solos a Rondón y a Martínez; además, las constantes faltas de Arquímedes Figuera obligaron a cambiarlo por Rómulo Otero (que debió entrar antes) y dejar en cancha a un desaparecido Alejandro Guerra.
No aprovechar su buen momento, los errores repetitivos que se han venido dando en estas eliminatorias y la falta de reacción desde el banquillo son algunas de las causas que propiciaron esta abultada derrota de Venezuela.
Cambiar en la segunda vuelta
La segunda vuelta de estas eliminatorias al Mundial de Rusia 2018 comienza el martes (11-10-2016). La Vinotinto lo hará ante Brasil, pero serán muchas las cosas que deberá replantearse de cara a lo que se avecina.
Para el certamen que se celebrará en Rusia está prácticamente imposible llegar, por lo que darle cabida a los jóvenes que vienen asomando (Soteldo, Murillo, Velázquez, etc) debe ser uno de los planteamientos a ver. También, el hecho de que se deberá dejar de contar con algunos jugadores que definitivamente ya dejaron de ser eficaces con la selección.
Y por supuesto, la misión principal es mejorar la imagen. Se vio un asomo de esto en la Copa América Centenario, pero el retorno a las eliminatorias ha diluido esas buenas sensaciones. Volver a ese camino y no perder los avances logrados en estos años es el objetivo, viendo que para este Mundial las cosas están difíciles.
Dudamel tiene trabajo y aunque este empieza contra un duro rival como Brasil, no hay más remedio que arremangarse tomando las medidas necesarias para que Venezuela acomodé el rumbo y ponga miras a un Mundial de Catar 2022 en el que las se esperan mejores cosas.
