La onda expansiva de la eliminación de Italia en la repesca mundialista ante Bosnia-Herzegovina ha terminado por derribar los pilares de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC). Este jueves 2 de abril, Gianluigi Buffon ha oficializado su salida como jefe de delegación, sumándose a la dimisión previa del presidente Gabriele Gravina. Lo que la prensa transalpina ya califica como el "tercer apocalipsis" ha dejado al fútbol italiano sin sus dos principales cabezas visibles en menos de 24 horas.
Una renuncia "por responsabilidad"
Buffon, quien inicialmente había sugerido que permanecería en el cargo hasta junio para dar estabilidad, aceleró su decisión tras confirmarse la marcha de Gravina. En un comunicado cargado de sentimiento, el histórico guardameta explicó que su intención original fue marcharse en el mismo instante en que se consumó la derrota en Zenica.
"Presentar mi renuncia un minuto después del final contra Bosnia fue un acto urgente que me salía de lo más profundo. Tan espontáneo como las lágrimas y ese dolor en el corazón que comparto con todos ustedes", confesó Buffon.
El ex portero subrayó que, con la salida del presidente, es "justo dejar a quien venga después la libertad de elegir a la figura que considere mejor para ocupar el cargo", cerrando así un ciclo marcado por el dolor de no haber podido devolver a Italia a la Copa del Mundo.
El colapso institucional
La salida de Buffon es la pieza definitiva de un efecto dominó que deja al seleccionador Gennaro Gattuso en una posición insostenible. Los puntos clave de la crisis son:
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Vacío en la presidencia: Gabriele Gravina dimitió tras siete años al frente, convocando una asamblea extraordinaria para el 22 de junio donde se elegirá al nuevo mando de la FIGC.
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Gattuso en el alambre: Sin sus dos grandes valedores (Gravina y Buffon), el futuro de "Rino" como técnico nacional parece sentenciado, con nombres como Conte o Allegri ya sonando en el horizonte.
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Presión política: El Ministro de Deportes, Andrea Abodi, ha sido tajante al calificar la gestión de los últimos años como un fracaso sistémico tras tres ausencias mundialistas consecutivas (2018, 2022 y 2026).
El fin de una era
Con la marcha de Buffon, la selección italiana pierde no solo a un directivo, sino al último gran símbolo de unidad que conectaba a la plantilla actual con la mística de los campeones del mundo de 2006. La Azzurra entra ahora en un periodo de interinidad absoluta hasta las elecciones de junio, enfrentando el reto de una reconstrucción total desde las cenizas de un fútbol que no verá un Mundial por lo menos hasta 2030.
