Iván Holguín López / @ivan_baloncesto
El deporte no siempre termina siendo justo, en especial con ciertas personalidades cuyo trabajo permanece en el anonimato o recibe menos elogios de lo que debería, ese es el caso de Marcelino García Toral, o tan solo Marcelino como es conocido en España. El actual entrenador del Athletic Club del Bilbao posee algunas de las mejores estadísticas dentro de los banquillos del fútbol español, sin embargo, sus logros son poco reconocidos.
Antes de llegar a la dirección técnica, Marcelino jugó profesionalmente en varios equipos del fútbol de su país, pero las lesiones le costaron jugar muy poco y lo llevaron a un retiro prematura de las canchas. Sin embargo, formó parte de la selección española sub-20 subcampeona del Mundial juvenil en el año 1985. Pero su carrera acabó por una lesión en su rodilla —como mencionamos anteriormente— en el año 1994.
Salto a los banquillos
Para el año 1997 Marcelino debutaría en los banquillos como entrenador del Club Deportivo Lealtad de Tercera División del fútbol español, pero a pesar de su inexperiencia como entrenador Marcelino —oriundo de Asturias— llevó al equipo al mejor resultado de su historia ganando cómodamente la categoría y consiguiendo el ascenso a segunda división. Sin embargo, no dirigía al equipo en la división de plata del fútbol español.
Después de allí, García Toral regresó al equipo que lo vio debutar el Sporting Gijón para dirigir a la filial un par de años y luego asumir las riendas del primer equipo. Desde allí parte al Recreativo Huelva, equipo con el que consigue debutar en primera 2006, tras lograr ascenderlo un año antes. En su debut en la Liga BBVA —como se llamaba para aquel entonces— el ‘Recre’ terminó en la octava plaza, algo que le llevó a adjudicarse su primer Trofeo Miguel Muñoz, mismo que se otorga al mejor entrenador de la campaña en España.
El ‘boom’ del asturiano
Tras acabar la temporada 2006-2007 con el Recreativo, el asturiano se marcha al Real Racing Club de Santander —otro de los equipos donde jugó— allí siguió demostrando sus habilidades como entrenador. Al finalizar la temporada de primera división Racing quedó sexto, consiguiendo su boleto a Europa League —Copa UEFA en aquel momento—, siendo la primera vez que el club norteño se clasificaba a esta competición y la primera vez en más de 70 años en acabar entre los primeros 6 de la Liga BBVA.
Al año siguiente volvió a segunda división para regresar a primera a un histórico del fútbol español como lo era el Zaragoza, algo que consiguió inmediatamente —la última vez que ese equipo jugó en y que le valió su segundo Trofeo Miguel Muñoz. Tras un retorno fallido a Racing y una mala experiencia en Sevilla, llegaría el club que lo catapultaría a la fama —pero, resumida como hemos visto—, el Villarreal.
Durante tres años dirigió al submarino amarillo, que en su gestión navegó tranquilamente en las aguas de primera división cosechando un sexto, cuarto y quinto lugar respectivamente y regresando al equipo a tras más de media década sin acceder a Champions. Antes de llegar al Athletic Club, con el que ganó la Supercopa de España —primer trofeo de los vascos en seis años años— estuvo en el Valencia, donde quizás se vio el mejor trabajo del asturiano.
Como entrenador de los Che, obtuvo dos cuatros lugares —clasificándolo para la Champions— en la Liga, solo un peldaño por detrás de los ‘gigantes’ Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona. En ambas temporadas llegó semis de la Copa del Rey, solo que en 2019 consiguió el tan ansiado título que se le hacía esquivo a los Che desde el año 2008. Pero su mala relación con Peter Lim y Anil Mutrhy llevó a Marcelino a marcharse del Valencia.
En 2019 consiguió su tercer trofeo Miguel Muñoz, siendo el único entrenador en la historia del fútbol español en ganar tres de estos premios, y se ubica por delante de nombres como Diego Pablo Simeone, Josep Guardiola, José Mourinho y Unai Emery —todos miembros del top 10 entrenadores de la última década, según el IFFHS—. Todos estos números y grandes resultados llevan a Marcelino a ser un genio incomprendido, un entrenador de élite al que le falta su gran oportunidad y que seguramente no tardemos mucho en llegar a verlo.