La final de la Copa del Rey no solo demanda talento, sino una resistencia física y mental fuera de lo común. Jon Aramburu fue el fiel reflejo de este compromiso, manteniéndose en la batalla durante 113 minutos de juego real. Su salida, producida en el segundo tiempo de la prórroga, fue el cierre de una actuación donde el venezolano se multiplicó en tareas de recuperación y despeje, siendo una de las notas más altas de la zaga "txuri-urdin".
Un despliegue defensivo de élite
Los datos técnicos del encuentro, seguidos minuto a minuto por la multiplataforma de Meridiano Televisión, revelan la importancia táctica de Aramburu en el esquema de Matarazzo. El lateral destacó especialmente en el cuerpo a cuerpo y la protección del área:
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Dominio en los duelos: Ganó 12 de sus 20 duelos totales (60%), sobresaliendo en el aire al imponerse en 5 de 6 duelos aéreos (83%).
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Seguridad en el fondo: Registró 6 despejes, 4 recuperaciones de balón y 2 intercepciones, además de un bloqueo defensivo clave para evitar disparos directos a portería.
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Presencia y anticipación: Sumó un total de 61 toques, logrando completar 24 de sus 33 pases intentados (73%) y aportando un pase clave en la transición ofensiva.
Esfuerzo hasta el límite
La salida de Aramburu al minuto 113 no fue una cuestión de rendimiento, sino el resultado de una entrega absoluta. Tras haber disputado el tiempo reglamentario y casi la totalidad de la prórroga, el lateral derecho dio paso a piernas frescas (Aritz Elustondo) para encarar los suspiros finales antes de la tanda de penaltis.
Aramburu se marchó al banquillo con el reconocimiento de sus compañeros y la satisfacción de haber entregado una actuación redonda, demostrando que está a la altura de las grandes noches del fútbol europeo. Sus 113 minutos en La Cartuja quedarán grabados como una lección de pundonor y disciplina defensiva.