En el béisbol, los números suelen dictar justicia, pero a veces las matemáticas chocan de frente con las decisiones de roster. El veterano lanzador de los Medias Rojas de Boston, Sonny Gray, está firmando una primera mitad de campaña sencillamente espectacular, consolidándose en la aristocracia del pitcheo en las Grandes Ligas. Sin embargo, su nombre brilla por su ausencia en la lista de convocados al clásico de mitad de temporada.
Con una soberbia efectividad de 2.54, Gray no solo lidera la rotación de los patirrojos, sino que se ubica oficialmente como el sexto mejor promedio de carreras limpias admitidas (PCL) entre todos los serpentineros calificados de la MLB.
El único de su clase en el olvido
El vacío dejado por la no inclusión de Gray se vuelve aún más evidente al analizar el panorama completo de las Mayores. El diestro de 36 años ostenta una distinción histórica y bastante agridulce: es el único pitcher en todo el negocio con una efectividad de 2.65 o menor que no logró ingresar al roster del Juego de Estrellas.
Mientras que otros brazos con registros inferiores o menos dominantes empacarán sus maletas, el as de Boston tendrá que ver el compromiso desde el televisor, en lo que ya es catalogado por la prensa especializada como uno de los "snubs" (desaires) más flagrantes del año.
La consistencia de Gray ha sido el motor de su éxito en esta etapa de la temporada. Tras encadenar una sólida racha de salidas de calidad, el diestro ha silenciado a las ofensivas rivales de manera sistemática, permitiendo una o menos anotaciones en la gran mayoría de sus aperturas.
A pesar del trago amargo en las votaciones y elecciones técnicas, el valor de Sonny Gray en el mercado y su peso dentro del dugout de Boston permanecen intactos. En un juego que cada vez depende más del pitcheo abridor de alta factura, tener al sexto mejor brazo de la liga es un lujo que los Medias Rojas celebran, con o sin credencial de All-Star.