Hay rachas de poder que definen campañas, pero lo que ha venido estructurando Kyle Schwarber en la Costa Este de los Estados Unidos es un imperio de cuadrangulares a largo plazo. Desde su llegada a la organización de los Phillies de Filadelfia, el temible bateador zurdo no ha hecho más que castigar la pelota, acumulando una frecuencia jonronera que lo sitúa al lado de los nombres más sagrados del negocio.
Con su más reciente despliegue de poder, Schwarber alcanzó la astronómica cifra de 219 cuadrangulares vistiendo el uniforme de los Phillies. Esta marca no solo consolida el liderato de la ofensiva de su equipo, sino que destruye las barreras del tiempo al meterlo directo en el podio histórico de los máximos jonroneros durante sus primeros cinco años con una sola franquicia en la MLB.
El zurdo se ha colocado en una posición de privilegio, dejando en el camino a figuras de la talla de Alex Rodríguez, David Ortiz y Albert Pujols en este renglón específico de precocidad y fuerza masiva.
En la mesa de Ruth y McGwire
La regularidad del slugger de los Phillies roza lo inverosímil en el béisbol moderno, una era caracterizada por la especialización de los relevistas y las altas velocidades desde el montículo. La lista de todos los tiempos en este prestigioso departamento demuestra la magnitud de lo que la fanaticada de Filadelfia atestigua noche tras noche:
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Babe Ruth (Yankees de Nueva York): 235 HR
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Mark McGwire (Cardenales de San Luis): 220 HR
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Kyle Schwarber (Phillies de Filadelfia): 219 HR
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Ralph Kiner (Piratas de Pittsburgh): 215 HR
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Alex Rodríguez (Yankees de Nueva York): 208 HR
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David Ortiz (Medias Rojas de Boston): 208 HR
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Albert Pujols (Cardenales de San Luis): 201 HR
Schwarber se encuentra a tan solo un vuelacercas de igualar los 220 que despachó "Big Mac" en San Luis a finales de la década de los noventa, y ya mira de reojo los 235 del legendario "Bambino" con los mulos del Bronx, una marca que parecía inalcanzable para cualquier mortal.
El impacto del "Schwarbomb"
Lo más llamativo del caso de Filadelfia es el ritmo vertiginoso que ha tomado el bateador designado. Tras liderar el joven circuito en la campaña pasada con un tope personal de 56 estacazos de cuatro esquinas, Schwarber mantiene una proyección imponente para superar nuevamente la barrera de los 40 en el presente torneo.
Su consistencia en el cajón de bateo no solo genera pesadillas en los mánagers rivales al momento de armar sus planes de pitcheo, sino que revaloriza el orden al bate de los Phillies, donde su rol como primer madero con un tremendo ojo clínico para negociar boletos rompe con todos los moldes tradicionales del béisbol de la vieja escuela.
Con las proyecciones estadísticas empujándolo hacia cotas históricas más elevadas, el nativo de Middletown sigue demostrando que cada dólar de su firma en el Citizens Bank Park ha sido respaldado con puro poder de impacto masivo. La lista es corta, exclusiva, y Schwarber ya reclama su espacio fijo en el trono.