El panorama del béisbol de las Grandes Ligas suele regalar noches especiales, pero lo vivido en el Angel Stadium trascendió a los libros de historia dorada de la organización. El zurdo Reid Detmers esculpió una obra de arte desde el montículo, maniatando por completo a la ofensiva rival y desatando la euforia de los fanáticos con una exhibición de poder y control que no se avistaba en la franquicia desde hace medio siglo.
Detmers estuvo sencillamente intratable al completar una de las aperturas más dominantes de la temporada: abanicó a 14 bateadores y apenas permitió un indiscutible en su cuenta. La gesta adquiere una dimensión colosal al revisar los archivos históricos del equipo de Anaheim. En más de sesenta años de existencia de la franquicia, el único serpentinero que había logrado registrar 14 o más ponches tolerando un hit o menos en un mismo encuentro era el mítico e inmortal Nolan Ryan.
Asociar tu nombre al de Nolan Ryan en cualquier departamento de pitcheo es el equivalente a tocar el cielo con las manos en las Mayores. Ryan, dueño del récord absoluto de ponches en la historia del juego (5,714), esculpió este tipo de dominio absoluto con el uniforme de los Angelinos en tres temporadas consecutivas durante su época de mayor esplendor físico: 1972, 1973 y 1974.
Desde aquellos años de fuego de Ryan, ningún otro lanzador (ni siquiera ases contemporáneos de la organización como Jered Weaver o el mismísimo Shohei Ohtani) había podido combinar ese nivel de rotación en sus envíos con una efectividad tan quirúrgica para negarle los terrenos a los maderos rivales.
Detmers apeló a una recta de cuatro costuras con excelente localización en las esquinas y a un devastador slider que congeló una y otra vez a los bateadores en la caja de bateo.
Un impulso dorado para el zurdo
Para Detmers, quien ya sabe lo que es lanzar un juego sin hits ni carreras en las Grandes Ligas (logrado en mayo de 2022 contra las Mantarrayas de Tampa Bay), esta actuación ratifica su enorme techo y madurez sobre el montículo. El zurdo demostró que, cuando encuentra el ritmo en sus lanzamientos secundarios, posee las herramientas necesarias para transformarse en un auténtico "as" de rotación.
Esta joya monticular no solo le da un respiro de oro al cuerpo técnico de los Angelinos, sino que inyecta una dosis masiva de confianza en el joven serpentinero, quien anoche demostró que la grandeza del pasado puede revivir en su brazo izquierdo. La afición de Anaheim fue testigo de una cita con la inmortalidad, firmada por un zurdo que se atrevió a tutearse con los registros del lanzador más temido de todos los tiempos.
