Cuando los New York Mets estructuraron su arsenal ofensivo para esta temporada, la directiva y la fanaticada de Queens salivaban con la idea de ver destructores de béisbol back-to-back en el corazón del lineup. Los nombres de Juan Soto, Bo Bichette y Francisco Lindor estaban llamados a conformar uno de los tridentes más temidos e implacables de todas las Grandes Ligas. Sin embargo, la realidad sobre el diamante ha sido radicalmente distinta y profundamente frustrante.
Los bateadores más importantes de la novena metropolitana no han podido jugar juntos ni de cerca lo que la organización había proyectado y esperado. Un dato televisado durante la transmisión oficial del equipo desnudó la cruda realidad que vive el camerino: el flamante "Big Three" de los Mets ha coincidido en apenas 9 juegos en total durante toda la presente temporada.
Un rompecabezas imposible para Carlos Mendoza
Para cualquier mánager, el éxito de una campaña radica en la consistencia de sus piezas clave. Carlos Mendoza ha tenido que hacer malabares con las tarjetas de alineación, viendo cómo los problemas físicos, las ausencias y los imprevistos de la temporada han mantenido a sus tres superestrellas en una constante puerta giratoria.
El impacto de tener a Soto, Bichette y Lindor separados no solo se mide en la falta de juegos compartidos, sino en el vacío táctico que genera. Cuando los tres están sanos, la alineación fluye:
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La protección en el lineup: Sin uno de ellos en el orden al bate, los lanzadores rivales pueden trabajar con mayor comodidad alrededor de las otras dos figuras.
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La falta de ritmo colectivo: El béisbol es un juego de rachas y sincronía; con solo 9 compromisos compartidos, es imposible desarrollar la química y el desgaste psicológico que un trío de este calibre suele infligir en el pitcheo contrario.
El dato es contundente y doloroso para las aspiraciones en el Citi Field: el tridente estelar de los Mets ha pasado más tiempo en la lista de lesionados o en algodones que compartiendo el terreno de juego.
Con más de media campaña en desarrollo, el panorama obliga a los Mets a encender las alarmas y rezar por la salud de sus baluartes. Si el equipo neoyorquino pretende meterse de lleno en la pelea por la postemporada en el viejo circuito, necesitará con urgencia que esos 9 juegos juntos se multipliquen rápido. De lo contrario, el "Big Three" pasará a la historia de Queens como un lujoso e imponente proyecto que solo existió sobre el papel.
