Existen palizas en el béisbol de las Grandes Ligas, y luego está lo que acaban de conseguir los Tigres de Detroit: una exhibición de dominio inning por inning que raya en la perfección estadística absoluta.
En un despliegue ofensivo y de pitcheo sin fisuras, el conjunto felino aplastó 14-0 a los Orioles de Baltimore para convertirse en apenas el segundo equipo en toda la era moderna de la MLB (desde 1901) en lograr la combinación perfecta: anotar al menos una carrera en cada episodio en el que bateó y colgar el cero en todas y cada una de las entradas en las que lanzó.
Al jugar como locales y tener la ventaja en el marcador, Detroit no necesitó consumir turnos en la parte baja de la novena entrada, cerrando un choque memorable tras anotar de manera ininterrumpida desde la primera hasta la octava entrada mientras su cuerpo de pitcheo maniataba por completo a la alineación de Baltimore.
Un hito sepultado durante 91 años
Para dimensionar la magnitud histórica de lo conseguido por la novena de Detroit, hay que remontarse casi un siglo atrás en el tiempo para encontrar el único antecedente registrado en las Grandes Ligas.
Fue el 6 de septiembre de 1935 cuando los Piratas de Pittsburgh apalearon 13-0 a los Dodgers de Brooklyn en el emblemático Forbes Field. En aquella jornada de la Gran Depresión, los bucaneros pisaron el plato en sus ocho oportunidades al bate y dejaron en blanco a Brooklyn durante los nueve episodios completos, estableciendo una marca que pareció inalcanzable durante nueve décadas.
Perfección en ambos lados del terreno
Lograr un hito de esta naturaleza requiere una alineación implacable que no regale outs y un cuerpo de lanzadores que no conceda tregua:
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Sinfonía ofensiva de 14 carreras: Desde el primer pitcheo del encuentro, la alineación de Detroit atacó al abridor y al relevo de los Orioles, manteniendo la presión constante y logrando cruzar el plato en los ocho episodios que le correspondió batear para sellar la contundente blanqueada de 14-0.
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Hermetismo en el montículo: Mención de honor para el pitcheo de los Tigres, que respondió al festín de sus bateadores manteniendo la concentración absoluta para colgar los nueve ceros en la pizarra sin permitir rebeliones de la ofensiva de Baltimore.
En un deporte obsesionado con los datos y con más de un siglo de registros profesionales, lo realizado por los Tigres de Detroit pasará a los libros de historia como una de las demostraciones de superioridad más rotundas jamás vistas sobre un diamante de béisbol.