En el béisbol de las Grandes Ligas, el mes de junio suele separar a los contendientes de los pretendientes. Para los Marlins de Miami, sin embargo, significó algo mucho más drástico: una resurrección futbolística en pleno diamante.
Apenas el pasado 1 de junio, el panorama en el sur de la Florida era sombrío. El equipo navegaba por aguas turbulentas, hundido con ocho juegos por debajo de .500, a una distancia que parecía insalvable de 14 juegos de la cima divisional y a 6 encuentros de los puestos de comodín. La temporada parecía tomar el rumbo de la transición y el olvido.
Hoy, la narrativa es radicalmente distinta.
El mejor ritmo de las Mayores
Lo que ha sucedido en las últimas cinco semanas roza lo inverosímil. Los Marlins no solo estabilizaron el barco, sino que lo convirtieron en un acorazado. Con un registro de 25-8 desde el primero de junio (el mejor récord en toda la MLB durante ese lapso), Miami ha dado un golpe sobre la mesa del negocio deportivo.
Esta racha demoledora no solo borró el déficit del inicio de campaña, sino que los catapultó a estar nueve juegos por encima de .500. El equipo batea con oportunidad, el pitcheo abridor ha respondido en los momentos de presión y el bullpen ha sabido cerrar los candados cuando el mánager lo ha requerido.
Presión en el Este: Cacería a los Braves
El impacto de esta racha se siente con fuerza en la tabla de posiciones de la División Este de la Liga Nacional. Aquella brecha de 14 juegos que los separaba de los Bravos de Atlanta se ha reducido a cenizas.
Actualmente, los Marlins se encuentran a tan solo 2.5 juegos del primer lugar, convirtiendo la recta final de la temporada en una auténtica guerra civil en el Este. Lo que hace un mes parecía una cómoda caminata para Atlanta, hoy es una persecución a toda velocidad con unos Marlins que juegan con el impulso y la confianza de su lado.
Queda mucha temporada por delante, pero en Miami el mensaje es claro: ya no miran de reojo el comodín; ahora van con todo por la corona divisional.