En el béisbol moderno, la estadística de juegos ganados para un lanzador relevista suele ser un asunto de azar, pero lo que está haciendo Aaron Ashby con los Cerveceros de Milwaukee ha dejado de ser una casualidad para convertirse en un fenómeno. Tras la jornada del viernes por la noche, el zurdo de 27 años grabó su nombre en los libros de récords de la MLB tras una victoria que desafía toda lógica estadística.
Con el triunfo de Milwaukee 3-2 sobre los Mellizos de Minnesota, Ashby alcanzó su octava victoria del año (8-0). La particularidad que asombra al mundo de las Mayores es que absolutamente todos sus triunfos han llegado cumpliendo labores de relevo.
Para dimensionar el impacto de la campaña de Ashby, basta con mirar el liderato de pitcheo en las Grandes Ligas. Mientras que ningún otro lanzador en toda la Gran Carpa (ya sea abridor o relevista) supera las 6 victorias, el serpentinero de los Cerveceros ya se escapa en solitario con 8.
Este margen ha provocado un hito estadístico jamás visto: es la primera vez en la era moderna del béisbol que un lanzador posee al menos dos victorias más en calidad de relevo que los triunfos TOTALES de cualquier otro pitcher en la MLB al término de una jornada.
El arte de estar en el momento justo
En el argot del béisbol, a los relevistas que heredan situaciones de empate o desventaja y terminan llevándose el triunfo cuando su equipo remonta se les conoce tradicionalmente como "buitres". Ashby ha perfeccionado este rol a niveles históricos gracias a la agresividad de la ofensiva de Milwaukee y a su propia capacidad para apagar fuegos en los episodios intermedios.
Tras superar severas lesiones en los hombros que limitaron sus campañas anteriores, el zurdo no solo está viviendo el mejor momento de su carrera profesional, sino que ha puesto su mirada de manera realista sobre un récord legendario: las 18 victorias en relevo que consiguió Roy Face con los Piratas de Pittsburgh en la mítica temporada de 1959.
Apenas estamos en mayo, pero el bullpen de Milwaukee tiene un dueño absoluto, y la MLB es testigo de una anomalía estadística que tardará muchas décadas en repetirse.