En medio de la alta tensión que se vive en la Serie Mundial, la ofensiva de los Tampa Bay Rays ha decidido inyectar vértigo y presión constante a los lanzadores contrarios, reviviendo un despliegue de velocidad que apenas tiene antecedentes en los más de 120 años de historia de los playoffs en las Grandes Ligas.
Con un par de estafas en el último duelo disputado frente a los Milwaukee Brewers, la novena de Tampa Bay extendió a cinco partidos consecutivos su racha sumando al menos dos bases robadas por encuentro en la actual postemporada.
Un club de leyenda
La consistencia y audacia de los corredores de los Rays para descifrar a las baterías rivales los ha catapultado directamente a los libros de récords. Hasta la fecha, los únicos equipos en toda la historia de la MLB que habían conseguido estafar múltiples almohadillas en al menos cinco juegos sucesivos de postemporada en un mismo año eran:
- Pittsburgh Pirates (1909) – 5 partidos consecutivos
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Atlanta Braves (1992) – 6 partidos consecutivos
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Tampa Bay Rays (2026) – 5 partidos consecutivos
Alcanzar la línea de una franquicia histórica como los Braves de 1992 (comandados en aquella época por la velocidad de jugadores como Otis Nixon) demuestra que el plan de juego de los Rays prioriza el caos en las bases como herramienta fundamental para incomodar al rival, incluso en las instancias más exigentes del béisbol profesional.
Si bien el equipo dirigido por Kevin Cash busca revertir la situación adversa en el Clásico de Otoño, la disciplina táctica para capitalizar cada descuido defensivo y convertir sencillos en posiciones de peligro confirma la identidad combativa de la franquicia. Los Rays continúan demostrando que la velocidad pura sigue siendo un arma letal en el béisbol de octubre.