En las Finales de la NBA se juega con el corazón, y a veces, desafiando a la propia medicina. Los New York Knicks han recibido una noticia que mezcla la preocupación con el heroísmo deportivo: su pívot titular, Mitchell Robinson, ha pasado por el quirófano para tratar una fractura en el dedo meñique de su mano derecha.
Sin embargo, lejos de dar la temporada por terminada, el jugador ya ha trazado un plan de retorno inmediato que ha dejado boquiabiertos a los aficionados.
La operación se realizó con éxito y el pívot tiene la intención absoluta de no perderse el momento más importante de su carrera. Robinson planea estar uniformado y listo para la acción el próximo miércoles, día en que se disputará el Juego 1 de las Finales de la NBA, utilizando una protección especial (férula) en su mano para mitigar el dolor y proteger la zona intervenida.
Una pieza irremplazable en el esquema de Nueva York
La presencia de Mitchell Robinson es vital para las aspiraciones de campeonato de los Knicks. Su capacidad para proteger el aro, intimidar a los atacantes rivales y dominar el rebote ofensivo le da al equipo de la Gran Manzana una identidad física difícil de replicar. Jugar unas Finales con una férula en la mano derecha (la de lanzar y rebotar) será un desafío técnico y físico mayúsculo, pero demuestra el compromiso del pívot con el anillo.
Mientras el cuerpo médico de los Knicks trabaja a contrarreloj en la recuperación del jugador, el equipo técnico observa de reojo hacia el horizonte para conocer a su oponente. El rival de Nueva York saldrá de la encarnizada batalla de la Conferencia Oeste, donde el Oklahoma City Thunder (OKC) y los San Antonio Spurs se disputan el boleto a la última instancia.
El próximo miércoles, el pabellón rival vibrará con el inicio de la serie por el campeonato. Con un dedo recién operado pero con la motivación por las nubes, Mitchell Robinson se prepara para demostrar de qué material están hechos los campeones.