El comisionado Adam Silver y la junta de gobernadores de la NBA han puesto la mira en uno de los problemas más persistentes de la liga: el tanking. Esta táctica, donde los equipos fuera de la zona de playoffs pierden partidos deliberadamente para asegurar una mejor posición en el Draft, ha alcanzado niveles críticos esta temporada, con al menos seis franquicias señaladas por una falta de competitividad alarmante.
El resultado de esta estrategia ha sido una proliferación de "juegos malos" que dañan el producto televisivo y la experiencia del fanático. Para atajar esto, han surgido tres propuestas de reforma estructural:
Las tres vías de reforma
La primera propuesta busca que equipos competitivos (aquellos en el Play-In) tengan una oportunidad real, aunque pequeña, de obtener el primer pick, reduciendo el incentivo de "dejarse caer" en la tabla para salir de la zona de clasificación.
La segunda propuesta es la más agresiva, ya que penaliza la mediocridad sostenida al evaluar el rendimiento de dos temporadas consecutivas y establecer un umbral mínimo de victorias para ser elegible a las mejores probabilidades. Sorprendentemente, permitiría que equipos que jugaron Playoffs pero cayeron temprano puedan rearmarse con talento de élite.
Finalmente, la tercera vía garantiza que los peores equipos sigan obteniendo talento (repartiendo los 5 primeros picks entre ellos), pero elimina la certeza de quién se llevará la joya de la corona, diluyendo la ventaja de ser el último de la fila.
Un cambio de paradigma
Estas propuestas representan un giro histórico en la filosofía de la NBA. De implementarse cualquiera de ellas, el mensaje es claro: tener el peor récord ya no será una garantía de éxito futuro. La liga apuesta por un modelo donde ganar, incluso en la zona baja de la tabla, vuelva a tener un valor estratégico.
