En el primer partido de su carrera en unas Finales, Hart no necesitó ser el máximo encestador para transformarse en el jugador más determinante sobre la cancha. Con una entrega física descomunal, el perimetral capturó 15 rebotes y repartió 6 asistencias, liderando a todos los jugadores de ambos planteles en los dos departamentos. Su capacidad para monopolizar los tableros pese a su estatura y su clarividencia para distribuir el juego en los momentos de mayor presión neutralizaron por completo el planteamiento rival.
La gesta de Hart adquiere dimensiones de leyenda al revisar los archivos de la NBA. Desde la introducción del reloj de posesión en la temporada 1954-55 (el quiebre temporal que define al baloncesto moderno), solo dos jugadores en toda la historia habían logrado liderar en rebotes y asistencias en su estreno absoluto en unas Finales. El primero fue el mítico Larry Bird en 1981 con los Boston Celtics, y el segundo fue un dominante Shaquille O'Neal en 1995 con el Orlando Magic.
Que el nombre de Josh Hart aparezca inscrito al lado de dos de los miembros más ilustres del Salón de la Fama demuestra que el impacto en el juego va mucho más allá del talento innato; es una cuestión de astucia, posicionamiento y un corazón competitivo inquebrantable. Mientras las superestrellas acaparan los flashes, Hart ha vuelto a demostrar que su juego multitarea es el combustible perfecto para aspirar a la gloria eterna.
