La narrativa del "gigante con pies de barro" ha saltado por los aires. En una de las mayores sorpresas de la historia reciente de los Playoffs, los Philadelphia 76ers han logrado lo que parecía imposible: eliminar a los Boston Celtics tras remontar una desventaja de 3-1, sellando su pase a las Semifinales de Conferencia con una victoria heroica en el séptimo partido (100-109).
El protagonista absoluto de esta catarsis es Joel Embiid. El pívot camerunés, a menudo etiquetado como el "pupas" por su fragilidad en momentos clave, se rebeló contra su propio historial médico y emocional. Recién recuperado de una apendicitis que amenazaba con dejarlo fuera, Embiid firmó una actuación de leyenda con 34 puntos y 12 rebotes en el Game 7, enterrando años de frustraciones ante su némesis verde.
El fin de una hegemonía y de un trauma
La victoria tiene tintes históricos. Los Celtics jamás habían desperdiciado una ventaja de 3-1 en su historia en postemporada, y desde 1982 siempre habían mantenido la medida tomada a Philadelphia. Esta vez, ni la ausencia de Jayson Tatum por problemas de rodilla ni el empuje de Jaylen Brown (33 puntos) fueron suficientes para detener a unos Sixers que jugaron con la urgencia de quien no tiene nada que perder.
Embiid no estuvo solo en la gesta. El equipo de Nick Nurse encontró en Tyrese Maxey (30 puntos) y el sorprendente rookie VJ Edgecombe (23 puntos) los escuderos perfectos para castigar cada ayuda defensiva sobre su estrella.
Para la ciudad de Philadelphia, este triunfo es algo más que una ronda superada. El destino parece querer cerrar un círculo: este año se cumple el 25 aniversario de la última vez que los Sixers alcanzaron las Finales de la NBA (2001), liderados entonces por el mítico Allen Iverson.
"Finalmente vencer a estos chicos sabe muy bien", confesó un Embiid visiblemente liberado tras el encuentro. El pívot también aprovechó para lanzar una arenga a su afición de cara al próximo duelo contra los New York Knicks: "No vendáis vuestras entradas, os necesitamos. Esto es más grande que vosotros".
Con el "fantasma" de Boston finalmente exorcizado, los 76ers entran en la segunda ronda no solo con el impulso de la victoria, sino con la convicción de que el techo de este equipo, tras años de decepciones, finalmente ha desaparecido.