El tiempo parece detenerse cuando la disciplina y la longevidad se encuentran en un tabloncillo. La noche de este domingo 29 de marzo de 2026, el baloncesto profesional venezolano fue testigo de un hito que redefine la palabra constancia. Jesús "Zancudo" Centeno, el base que ha marcado una época en nuestra liga, alcanzó la mítica cifra de 900 juegos jugados.
El destino, siempre caprichoso y poético, quiso que el escenario para esta hazaña fuera un enfrentamiento entre Piratas de La Guaira y Cocodrilos de Caracas. Centeno, vistiendo la armadura bucanera, saltó a la cancha contra el equipo que lo vio nacer como profesional, cerrando un círculo perfecto en su carrera.
Con este ingreso, el Zancudo de Hierro se convierte en apenas el cuarto jugador en toda la historia del país en cruzar la barrera de los 900 encuentros. Esta hazaña lo sitúa en un peldaño privilegiado, donde la cima absoluta pertenece a Víctor David Díaz con sus inalcanzables 1.129 partidos, seguido por el legendario José "Grillo" Vargas, quien acumuló 970 apariciones.
Centeno ahora acecha muy de cerca la tercera posición histórica, ocupada actualmente por Tomás Aguilera con 913 juegos, lo que significa que, de mantener su ritmo habitual esta temporada, el base de los litoraleños podría ascender al podio histórico en las próximas semanas.
Un legado de hierro
Su capacidad para organizar el juego, su visión periférica y ese temple en los momentos de presión lo mantienen como una pieza fundamental en el esquema de Piratas.
Lograr esta hazaña frente a Cocodrilos de Caracas añade un valor sentimental invaluable. Fue en la organización saurio donde Centeno forjó su carácter y se ganó el respeto de la fanaticada capitalina. Verlo hoy, con 900 batallas a cuestas, recibir el aplauso de ambos bandos es el mayor trofeo que un jugador puede recibir al final de la jornada.
La historia de Jesús Centeno es, en esencia, la historia de la resistencia. Un jugador que ha visto pasar generaciones de baloncestistas mientras él permanece ahí, inamovible, como un Zancudo de Hierro que se niega a dejar de zumbar en las canchas de Venezuela.
