JOSÉ MATA
CIUDAD DE MÉXICO.- Un festejo que debió ser glorioso por tratarse de una fecha tan significativa para la tauromaquia nacional, con repercusión internacional, acabó en la nada, merced a la necedad de imponer ganaderías comerciales en donde habitan mayoritariamente, los pequeñajos bobalicones, por la mansedumbre implícita, por el descastamiento conducido para agradar a los figurines, pero que no lleva a la luminosa grandeza; y cuando esto no se puede controlar, aparece la invalidez, el genio… que es la casta mala, y dan al traste con la Fiesta por la evidente falta de verdad.
Y que no se equivoque el ganadero de manso, porque ese pequeñajo que hizo sexto bis, no es más que la viva representación de la docilidad, sí repetidora, pero que en nada está emparentada con la CASTA y la BRAVURA.
Todo esto se ha tenido que soportar esta noche en el coso titular de México, y el público… el gran público lo hizo notar con estentórea fuerza.
Si el mensaje no queda entendido… entonces algo debe estar mal.
En teste contexto, por más que Pablo Hermoso de Mendoza se esforzó, no pudo haber el lucimiento mayúsculo, ante esa negación del toro bravo, y si a esto se le agregan las fallas con el rejón de muerte, porque los bovinos no se entregaban, provocaron mala posición en el acero.
Joselito Adame, tan buen… buen torero, y se estrelló con tres pésimos ejemplares. Algo sacó a su primero merced a su inobjetable esfuerzo el último. Su voluntad se estrelló con el muro infranqueable de la exasperante mansedumbre del quinto. Y, el animalito del perdón que ha sido lo más inútil que se ha visto esta noche, porque no requería José de ese ventajoso como oficioso trámite. Ha convencido a todos de su indiscutible valía.
Y El Payo, intentar con este tipo de ejemplares darles a fuerza pases con la derecha y naturales sin ton ni son, resulta absurdo, porque no iba a consumar nunca una faena de fina arquitectura, vamos… apenas y podía estar en pie su ejemplar y… pensar eso, resultaba una ironía. Mientras, con el pequeñajo tan dócil y repetidor que tuvo, no ha estado a la altura de las circunstancias el señor Payo. Sí, dejó pases buenos, templados, un número considerable de estos con ambas manos para concretar cada serie, pero pudo haber hecho cosas de mayor relevancia, y eso el público se lo hizo notar, porque se percibió que el pequeñajo se quedó con muchas series en su haber, cuando decidió finiquitarlo estando mal con el acero.
Es muy posible que este comentario despierte la furia inaudita de sus guararuras, porque no se aceptan críticas, pero alguien tiene que decirles una verdad sin compromisos a los toreros, para que no se pierdan en la inmensidad de la nada, y puedan reconducirse hacia el camino de una vida taurina basada en la dignidad, el respeto y la grandeza.
Al final, cuando nos retirábamos del gran coso, que no tuvo un feliz aniversario, concluimos… cuando no está el toro auténtico para el torero de verdad en el redondel… la Fiesta, no existe.
FICHA DEL FESTEJO
Con una entrada que llega a las 34,999 personas, aunque hubo alguien que me reiteró que fueron 35,001, se ha celebrado la décima octava corrida de la actual temporada grande de la Monumental Plaza de Toros México, este 5 de febrero, que marca su sexagésimo octavo aniversario, se ha lidiado un inadmisible encierro de Fernando de la Mora y Ovando, ocho ejemplares -el séptimo sustituto del sexto que además fue toriciego-, salvo este último sustituto que fue anovillado y resultó repetidor, los demás han sido el asfixiante compendio de la mansedumbre, del abominable descastamiento, de la penosa invalidez, justos de presencia, algunos hasta regordetes.
Pablo Hermoso de Mendoza: Ovación y ovación.
Joselito Adame: Palmas y silencio; palmas en el de regalo.
Octavio García El Payo: Silencio y saludó en el tercio.
Detalles: Tras banderillear espléndidamente Juan Ramón Saldaña saludó en el segundo, mientras que Héctor Rojas, en el quinto.