Fórmula 1: La increíble victoria de Ayrton Senna en casa

Hasta 1991 hubiera parecido que el piloto brasileño arrastraba una especie de maldición, la cual le impedía ganar en casa

Jueves, 31 de octubre de 2024 a las 12:43 pm
Fórmula 1: La increíble victoria de Ayrton Senna en casa
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Ayrton Senna, sin duda uno de los mejores pilotos de Fórmula 1 que ha existido jamás, nos regaló uno de los momentos más emblemáticos del automovilismo en el Gran Premio de Brasil de 1991. El piloto de McLaren-Honda aún no había conseguido ganar la carrera de su país en sus ocho temporadas en la Fórmula 1, una lucha que lo torturaba mentalmente.

El Gran Premio de Brasil de ese año se disputó en el circuito de Interlagos, en São Paulo, Brasil. Era la segunda carrera de la temporada y ya contaba con Senna como líder del campeonato, con cuatro puntos de ventaja sobre el Ferrari de Alain Prost.

La intensidad del fin de semana fue en aumento a medida que se acercaba la carrera del domingo. Todas las miradas estaban puestas en Senna, que intentaba conseguir una victoria en Brasil para un piloto brasileño por primera vez desde Nelson Piquet en 1986.

Cuando se apagó el semáforo el día de la carrera, Senna se puso en cabeza gracias a una salida perfecta y consiguió una ventaja de tres segundos en la octava vuelta. A medida que las primeras vueltas se iban sucediendo, parecía que Nigel Mansell, piloto de Williams-Renault, era su rival más cercano.

El piloto británico consiguió hacerse con la segunda posición tras el pit stop de Riccardo Patrese y continuó la carrera pisándole los talones a Senna.

Drama a la orden del día

Sin que Mansell fuera una amenaza, Senna comenzó sus últimas vueltas, muy complicadas. Poco después de los problemas con la caja de cambios del Williams, el McLaren-Honda comenzó a sufrir sus propias complicaciones. En cuestión de pocas vueltas perdió la quinta y la tercera marcha, dejando a Senna atascado en la sexta.

Esto hizo que el piloto brasileño tuviera problemas para evitar que el coche se colase mientras pasaba por curvas lentas y medias. Mientras tanto, Patrese ganaba dos segundos en cada vuelta, lo que le colocaba en una posición inmejorable para la victoria. Para colmo de males, en Interlagos había llegado una tormenta.

El silencio cayó sobre el circuito, mientras los aficionados comenzaban a darse cuenta de que la suerte no estaba de su lado.

Pero Ayrton Senna no estaba dispuesto a renunciar a su sueño, a su ansiada conquista. Siguió esforzándose con fuerza de voluntad y habilidad y finalmente vio la bandera a cuadros con 2,9 segundos de ventaja sobre Patrese.

Su triunfo llegó acompañado de un rugido en las gradas y del propio Senna, que no podía creer lo que acababa de conseguir. Las condiciones extremas en las que había conducido le provocaron espasmos en el cuello y los hombros que le impidieron salir del coche por sí solo. Por este motivo, tuvo que ser conducido hasta el podio por el coche médico.

En el podio, el calor y el cariño de los aficionados despertaron la energía suficiente en el cuerpo de Senna para levantar el trofeo sobre su cabeza, marcando quizás el momento más heroico de su carrera.

 

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